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Literatura y tiranía

LA VOZ DE LOS QUE NO LA TIENEN ||
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En 1987, siendo segundo comandante del Remolcador Enriquillo RM-22, el cual operaba como buque patrullero, surto en el puerto de Manzanillo en Montecristi, recibí un día la visita de mi padre, el vicealmirante retirado y ex comandante de la Armada, Luis Homero Lajara Burgos.

A pesar de la censura de siempre, hoy menos acentuada, donde por temores mayormente infundados los afectos se reprimen según la relación del antiguo jefe con el gobierno de turno, aún se vivían esos tiempos románticos, que jamás deben descontinuarse, donde la cortesía y el respeto son norma obligada, razón por la cual el comandante del buque, capitán de corbeta, Juan Tomás Díaz Polanco, haciendo honor a su formación naval apegada al respeto a los símbolos y tradiciones, lo invitó a una cena a bordo del barco.

Esta distinción del comandante, quien tiempo después alcanzó el grado de contralmirante y sub comandante de la Armada, motivó enormemente a mi padre, ya que desde su cancelación de forma injusta por parte de Trujillo (1959), era tratado como un proscrito que no podía visitar recintos militares, situación que acentuó entre 1961 y1970, por su apoyo al profesor Juan Bosch y al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), y por haber luchado del lado constitucionalista en las acciones bélicas para la reposición de Bosch (1963), y en la Revolución de Abril del 1965.

Abriendo un paréntesis en este relato, me permito referir que, al retornar el Dr. Joaquín Balaguer a la presidencia de la República (1966), habiendo sido mi progenitor un alto jefe militar en tiempos de la dictadura, su preferencia por Bosch nunca le fue perdonada por Balaguer. Por eso, las prohibiciones contra Luis Homero Lajara Burgos continuaron no obstante ser él luego candidato presidencial del Partido Demócrata Popular (PDP) en las elecciones presidenciales ( 1974), después que su partido fue reconocido por la Junta Central Electoral en 1973, y participó como el único contrincante contra Balaguer, “por entender que esa participación iba a evitar un baño de sangre”.

En la velada marinera de confraternidad que les refiero, en la que coincidentemente estaban representadas tres generaciones de profesionales navales, no faltaron anécdotas sobre la meteórica carrera naval del almirante Lajara Burgos, finalizada a destiempo, en donde escuchamos atentos la odisea que había significado para él escribir tres libros durante su última estadía como agregado naval en Washington D.C. (1955-1957), los cuales, casi listos en una imprenta de España, fueron sacados abruptamente de circulación. Esto ocurrió después de una petición directa de Trujillo al caudillo español Francisco Franco, provocando que la censura los engullera desde la última lámina en la imprenta, y post dictadura los borradores desaparecieran en un allanamiento policial practicado de forma vil a la residencia de Lajara Burgos en 1963.

Fue aquella una noche de confraternidad marinera bajo la luna de la bahía de Manzanillo, donde mi padre recitó poemas marineros, como “la Canción del Pirata”, de Espronceda: “Que es mi barco mi tesoro/ Que es mi Dios la libertad / Mi ley la fuerza y el viento / Mi única patria la mar/… ”; y “Para Entonces”, de Gutiérrez Nájera: “Quiero morir cuando decline el día/En alta mar y de cara al cielo/Donde parezca un sueño la agonía/ Y el alma un ave que remonta el vuelo “…, entre otras odas navales clásicas.

Pero las acciones tiránicas echaron por la borda el deseo de Lajara Burgos , un marino profesional, de hacer una recopilación de las cinco obras escritas por él, dos de las cuales tuvieron su génesis posterior a la dictadura: “Tesis Político Económica Para el Desarrollo en Nuestro Tiempo” (Editora Impresos Comerciales, 1975) y “Por Qué Se Produjo la Revolución del 24 de Abril de 1965” (Editora Taller, 1987).

Por una coincidencia (1996), cayó en mis manos “la Monografía No. 63”, de la prestigiosa institución militar española, Centro Superior de Estudios de la Defensa (CESEDEN), titulada “PENSAMIENTO Y PENSADORES MILITARES IBEROAMERICANOS DEL SIGLO XX, Y SU INFLUENCIA EN LA COMUNIDAD IBEROAMERICANA”, donde en la página 307, aparece una referencia a las tres obras autoría de Luis Homero Lajara Burgos: “Coyuntura Geopolítica Latinoamericana/ La Doble Estrategia del Atlántico y El Caribe”; “Singladuras Atlánticas”; y “La República Dominicana y el Continente”.

Desde que obtuve esa información, junto a mi hermano el arquitecto Luis Lajara Marchena, radicado en Marsella, Francia, quien trató en vano de localizar al coronel Carlos Guerrero Carranza, compilador de esos trabajos, hemos estado investigando en aras de completar una recopilación de los escritos de nuestro progenitor, bajo el entendido de que esto forma parte de nuestro patrimonio familiar y es nuestro deber transmitirlo a las futuras generaciones.

Con esa motivación, en una visita a Madrid, España, en octubre del 2017, y por gestiones de nuestro embajador ante el Reino de España, Dr. Olivo Rodríguez Huertas, logré una cita con el teniente general Rafael Sánchez Ortega, director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional de España y con el general Ángel Ballesteros Martín, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, y para mi sorpresa, solo apareció la monografía, no aparecieron los libros, después de ir de la ceca a la meca.

De esta experiencia traumática podríamos afirmar que de una dictadura no se salvan ni los altos jerarcas militares, cuando éstos osan salirse de los parámetros arbitrarios y caprichosos establecidos, y más aún en estos tiempos que se tornan más peligrosos al hablar de tiranía, ya que muchas veces el autoritarismo-intentando violar libertades y derechos fundamentales-, aparece como un zorro disfrazado con piel de oveja que se sustenta en la literatura mediática de la post verdad (verdad de perogrullo), donde lo legítimo y lo legal se transfiguran y el poder lo retienen unos pocos en perjuicio de las mayorías.

En la actualidad estamos viendo con demasiada frecuencia que muchas veces los intereses personales y la sed de poder sobrepasan al bien común y los que se equivocan, influenciados por cortesanos-ya tarde-, se dan cuenta de que esos errores los hacen beber las aguas del río Leteo, para su olvido histórico.

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