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El triunvirato y sus tensas relaciones con Haití

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Tras el derrocamiento del gobierno del profesor Juan Bosch en el año 1963, se instaló en el poder un gobierno de facto, denominado “Triunvirato”, por estar compuesto por tres personas, las cuales eran Emilio de los Santos, quien lo presidió, conjuntamente con Ramón Tapia Espinal y Manuel E. Tavares Espaillat, como miembros. Desde el primer momento este grupo contó con el apoyo circunstancial de Estados Unidos, por sus temores a otra Cuba en el Caribe insular.

Luego, Emilio de los Santos renunció a la presidencia del Triunvirato indignado por el fusilamiento de Manolo Tavárez Justo por fuerzas militares dirigidas por políticos influenciados por las circunstancias de la geopolítica de la época, y en su lugar se designó al canciller Donald Reid Cabral, quien por la renuncia de los dos triunviros restantes siguió gobernando con la colaboración de Ramón Cáceres Troncoso.

En tales circunstancias, en el ámbito diplomático la República Dominicana vivió una especie de España Boba, que estaba supeditada a las líneas trazadas de manera directa por el Gobierno norteamericano, donde las relaciones con Haití, eran parecidas a las que se mantuvieron durante el gobierno de Bosch. A pesar de que el gobierno dominicano no había sido elegido por la voluntad popular, y era abiertamente antitrujillista, razón que despertaba desconfianza del dictador haitiano Francois Duvalier .

Se llegó a momentos de tensión, y en una ocasión, el gobierno del Triunvirato presentó ante la OEA, una acusación al gobierno haitiano, alegando que soldados de ese país habían penetrado a territorio dominicano cometiendo atropellos y violaciones a nuestras leyes, como el robo de animales, violación de mujeres, saqueos e incendio de granjas, entre otras fechorías, siendo tales acciones, a parte de una flagrante violación a nuestra soberanía, provocadoras de conflictos armados.

Después de ésto, y ante la ausencia de respuesta, vinieron otras cartas de protestas a la OEA por parte del gobierno dominicano, pues el canciller haitiano René Chalmers, en vez de adoptar una actitud conciliadora frente a tales provocaciones, prefería negar tales acciones, aduciendo que no existían relaciones diplomáticas entre los dos países.

Más aún, llegó a cometer la herejía, con un argumento insólito, de presentar una contra acusación de que fueron los soldados dominicanos que ingresaron a territorio haitiano, siendo en el fondo, según el canciller haitiano, un pretexto de las autoridades dominicanas para desviar la atención de los serios problemas que afrontaba a lo interno el país con el gran descontento que reinaba en la población.

Aquí es bueno recordar que desde el gobierno de Bosch, el activo exilio haitiano había formado el partido político Frente de Liberación Haitianos Libres. También, el 14 de mayo de 1963, un exoficial del Ejército haitiano, Raymond Cassagnol, presidió un comité de ese partido de nombre Movimiento Revolucionario Haitiano, ya que por las contradicciones de sus integrantes no lograban ponerse de acuerdo.

Otro hecho que es importante resaltar es que no obstante estos intentos, el prestigioso coronel haitiano Paul Corvington, exdirector de la academia militar, fue designado jefe de entrenamiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Haitianas (FARH), con miras a la preparación militar del futuro.

Estas actitudes podrían entenderse si se toma en cuenta que los haitianos conspiradores se sentían tan confiados estando Bosch en el poder, dadas sus avanzadas ideas de libertad contra la opresión, que a través del cubano haitiano, Antonio Rodríguez, llegaron a solicitar al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), vía un memorándum confidencial, fechado 16 de marzo de 1963, dirigido a Ángel Miolán, presidente del PRD con copia al presidente Bosch, armas y municiones para cien hombres armados y bien adiestrados que estaban en territorio dominicano preparando el derrocamiento de Duvalier, por lo que estos hechos se entienden como antecedente del escenario heredado por el Triunvirato.

El primero de julio de 1964, el encargado de negocios de la embajada colombiana en Haití, en virtud de que las relaciones diplomáticas entre los dos países que comparten la isla La Española estaban suspendidas – era el canal que se utilizaba-, envió una denuncia al canciller dominicano, de un desembarco de dieciocho guerrilleros en Belle-Anse, población situada en la costa sureste haitiana, entre los cuales habían tres dominicanos. El resultado, según el reporte, fue un ataque a un puesto policial, sabotajes, robos y la muerte de varias personas, sin precisar el número de fuerzas que les hizo resistencia.

En un escenario donde los combatientes haitianos operaron por breve tiempo en la zona montañosa de Foret-des-Pins y sierra de Bahoruco, zona haitiana, el gobierno haitiano informó que los rebeldes, sin soporte logístico ni apoyo popular, fueron repelidos por las fuerzas militares y milicia civil de su país, y acusó ante la OEA el apoyo del gobierno dominicano a la guerrilla haitiana.

Pero la realidad fue que por razones ideológicas el Triunvirato no apoyó a los exiliados haitianos, aún a pesar de que algunos oficiales dominicanos sin autorización del gobierno, habían participado, dando muestra de que la subordinación al poder civil en esa época, y más al gobierno que no venía del pueblo, era prácticamente inexistente.

El 28 julio de 1964, el ministro de Relaciones Exteriores de Haití, Chalmers, se dirigió al embajador Juan de Lavalle, presidente del Consejo de la OEA, aportando supuestos datos de la invasión antiDuvalier del 29 de junio, y que la misma era financiada y apoyada desde República Dominicana, con planes de asesinatos de funcionarios haitianos, hechos que a su vez fueron negados por los exiliados antiDuvalier, como el padre Baptiste George y Pierre Rigaud.

Dos meses después, el 3 de septiembre de ese mismo año, el embajador dominicano Bonilla Artiles, envió un cable al presidente del Consejo de la OEA, informando sobre las hostilidades guerrilleras en Mont La Selle, Haití, así como el cruce de la frontera hacia nuestro territorio, por los parajes Aguacate y Villa Aida, Jimaní, de diecisiete haitianos, que aparentemente estaban realizando actos guerrilleros contra Duvalier y perseguidos por militares haitianos, los cuales habían sido puestos bajo arresto por el Ejército dominicano, para ser presentados a la Comisión Mediadora de la OEA, para ampliar la investigación.

Como colofón, me permito recordar que en esa época de tensiones, del lado haitiano figuras militares y políticas dominicanas aliadas de Duvalier no se quedaron con las manos cruzadas, y utilizaron antiguos calieses y matones de la era de Trujillo, los cuales eran protegidos de Duvalier al caer la dictadura dominicana, quienes en represalia por el apoyo que se ofreció a la guerrilla haitiana, atacaron puestos militares en Jimaní y Elías Piña, con el propósito de crear caos a un gobierno débil y sin apoyo popular como el Triunvirato. En este escenario de confrontación diplomática de manera casi permanente con Haití, con incursiones armadas en la frontera y constantes acusaciones ante la OEA por parte del Triunvirato y el gobierno de Duvalier, y los raid de la guerrilla haitiana a su país, el 24 de Abril de 1965, se inició la llamada Revolución de Abril, con el apresamiento del jefe de Estado Mayor del Ejército, general Marcos Rivera Cuesta por parte del capitán Peña Taveras y un grupo de militares que se denominaron constitucionalistas, por ser su objetivo la reinstalación del gobierno constitucional de Bosch.

A esa confrontación se unieron combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Haitianas, muy bien entrenados, los cuales veían en la revuelta que buscaba reponer a Bosch en el poder, una manera de garantizar la continuidad del respaldo del gobierno dominicano en el entrenamiento y equipamiento de las fuerzas anti Duvalier, motivados, entre otras situaciones, en que ya tenían comunicación con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), a través de Ángel Miolán, quien vivió una vez en Haití, al igual que Bosch.

El resto de la historia es ya conocido pero será motivo de un nuevo relato, pues aún quedan muchos puntos ciegos en la historia moderna dominicana que hay que aclarar.

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