«Mientras siga avanzando, aprendiendo y creciendo, estoy en el camino correcto».
Reflexión inspirada en el kaizen, concepto japonés de mejora continua.
La confusión se fabrica mezclando un hecho con conjeturas, repetirlos y dejar que el cansancio haga su parte. Cuando nadie sabe qué creer, la propaganda ha recorrido medio camino. Para momentos así existe un refrán viejo y preciso: separar la paja del trigo.
Una opinión merece escucharse, pero su valor depende de las razones que la sostienen. La historia requiere más que una versión convincente. Rara vez se inventa todo: suele bastar con omitir antecedentes, retirar fechas o separar una frase de su contexto. La verdad mutilada puede inducir a error sin contener una sola palabra falsa.
Tucídides observó, al narrar la guerra civil de Córcira, que las pasiones de los bandos habían alterado el valor de las palabras. La imprudencia pasaba por valor y la cautela por cobardía. Su relato invita a examinar tanto los acontecimientos como el lenguaje empleado para relatarlos.
Preguntar no es condenar. Una persona inquisitiva quiere saber: pregunta, escucha y comprueba. El inquisidor histórico era un juez de la Inquisición con autoridad para interrogar y dictar sentencia. La distinción permite separar el deseo de conocer de la facultad o el intento de juzgar.
La cronología ayuda a ordenar ese trabajo. Cada decisión pertenece a unas circunstancias y a un ámbito de responsabilidad.
En la profesión militar, este cuidado tiene particular importancia. El servicio se presta al Estado bajo la autoridad del gobierno legítimo. La obediencia al poder civil y el apartidismo, así como no deliberar forman parte de una misma obligación institucional.
El haber servido durante una dictadura no demuestra, por sí solo, participación en cualquier abuso ocurrido. Tampoco el silencio basta para atribuirla. El rigor exige precisar qué ocurrió, quién intervino y qué documentos permiten sostenerlo.
Las preferencias con matices partidistas jamás deben trasladarse al ejercicio del mando ni comprometer la representación que confiere el uniforme. Los militares están para preservar la democracia, no para practicarla. Así debe ser.
Ser consecuente consiste en guardar relación entre lo que se piensa, se dice y se hace. Para los oficiales jóvenes, esa coherencia se aprende al estudiar decisiones: las acertadas, las equivocadas y las que necesitan esclarecerse.
La preparación para el mando incluye aprender a preguntar con respeto y a responder con fundamento. Una tradición se fortalece cuando transmite experiencia y permite aprender de ella.
La prensa, los archivos digitales y las redes han ampliado y agilizado el acceso a pronunciamientos públicos, antes difíciles de localizar. Ayudan a la memoria. La estela dejada, buena o mala, queda registrada.
La bitácora conserva lo sucedido durante la travesía; su lectura permite comprender el rumbo y las decisiones tomadas. Algo semejante debe procurarse al escribir la historia. Separar la paja del trigo significa entregar a las nuevas generaciones un archivo sin tergiversaciones que puedan estudiar con confianza, sin heredar como certezas las pasiones y yerros de otra época.
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