Liderazgo policial prudente

Vicealmirante (r) Homero Luis Lajara Solá

La relación del poder político con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional estuvo marcada, en muchos casos, por tensiones derivadas de decisiones que, influenciadas por intrigas, pusieron en peligro la estabilidad política y afectaron a los uniformados.

Sin embargo, en ciertas situaciones críticas, el liderazgo se reflejó en la capacidad de ejecutar órdenes de manera prudente, priorizando el interés nacional y la imagen del Estado.

Un caso relevante ocurrió durante el gobierno del presidente Antonio Guzmán, conocido por su cercanía hacia los militares y policías, pero que en un episodio se vio influenciado por intrigas civiles contra un exjefe de la Policía Nacional y de la Marina de Guerra además de presidente de un partido político: el entonces contralmirante retirado Luis Homero Lajara Burgos.

El mismo había asumido un papel de crítico riguroso hacia el gobierno. Este contexto lo convirtió en blanco de la intriga promovida por ciertos funcionarios civiles intolerantes cercanos al presidente.

Ese escenario inducido provocó que el presidente Guzmán ordenara retirar su escolta y una ametralladora Thompson, arma que él mantenía en su condición de pasado jefe de la Policía Nacional.

El entonces jefe de dicha institución, mayor general Paulino Reyes de León, recibió instrucciones directas del presidente para que ejecutara esa polémica orden.

Sin embargo, el general, consciente de las implicaciones de la medida, comprendió que no se trataba de cumplir una orden, sino de manejar una situación cargada políticamente que, de no ser tratada con la debida prudencia, podría haber escalado hacia un conflicto mayor.

Conociendo el carácter de Lajara Burgos, su reputación como hombre de principios y la influencia que tenía en ciertos sectores de la sociedad, era evidente que un acto mal ejecutado podía derivar en una situación que afectara al gobierno.

Lejos de desobedecer la orden presidencial, Reyes de León optó por una interpretación estratégica de su cumplimiento. En lugar de recurrir a la fuerza, delegó la tarea en un oficial superior de su confianza caracterizado por su tacto.

El oficial policial se presentó en la residencia del comandante Lajara con la intención de cumplir la misión con cortesía, evitando gestos que pudieran ser interpretados como provocación.

Lajara Burgos le manifestó al coronel de manera enérgica que para que entregara esa ametralladora debía presentarse el mismo jefe de la Policía a buscarla.

Reconociendo la importancia de evitar un enfrentamiento que pudiera desbordar la situación, el coronel no insistió y se marchó despidiéndose con respeto del pasado jerarca militar y policial.

Este desenlace, lejos de representar una desobediencia, fue un ejemplo de cómo la prudencia puede evitar una crisis mayor, protegiendo tanto a la institución como al gobierno. No se volvió a insistir con el asunto.

El manejo de este caso destacó el liderazgo del general Paulino, quien, en lugar de limitarse a ejecutar mecánicamente una orden, actuó como un verdadero asesor policial del presidente.

Con su gesto, evitó una posible confrontación con su pasado superior y protegió al gobierno de don Antonio Guzmán.

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