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Meditabundo: Escuchando al filósofo Epicteto

LA VOZ DE LOS QUE NO LA TIENEN ||
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Anoche no tenía sueño después de un estado de alegría haber hablado con Dios, como es nuestra costumbre que aprendí cuando leí la vida del filósofo Cleantes en Cannes, Francia, 1953. Sin pensarlo recordé estos versos del que en la condición de esclavo, estudia y se convierte en el filósofo gran exponente del estoicismo. Epicteto:

No dejes que el sueño se apodere de tus ojos cansados antes de haber examinado cada una de tus acciones del día: ¿En qué me he equivocado? ¿Qué he hecho? ¿Qué obligación he dejado de cumplir?
Empieza por ahí y prosigue; y, luego censura el mal que hayas hecho y alegrate del bien. Recuerdo son atribuidos a Pitágoras.

Esto nos dice que la escuela estoica permitía tomar, decir lo de otros. Ahora recuerdo que papá nos decía que las cosas buenas de los demás debían apreciarse, imitarse. Seguía sin dormir y decidí ir a los que nunca se niegan. Los libros. Pensé en Epicteto y leo «El Otro».

Omnipresente, íntimo y trascendente, Dios es otro familiar.

Cuando uno entra en casa de un poderoso, o cuando emprende una cosa difícil, debe recordar que el Otro está siempre ahí, que a quien hay que seguir es a él, con los medios que nos ofrece la filosofía: distinguir lo que es bueno, malo o indiferente, y saber no apegarse más que a lo bueno, a partir de ahí no tenemos ya nada que temer. Para lo relativo al cuerpo, remitámonos al otro.

El Otro no es totalmente otro. Dio: nos aplasta nunca al hombre, su alteridad no es ontológica, somos parientes, él está siempre ahí, podemos unirnos a él adhiriéndonos a su voluntad. La voluntad divina no es una orden externa, que trasciende a nuestra razón, sino que cada uno puede hallarla en sí mismo, mediante el análisis de lo que depende y de lo que no depende de nosotros, el cual revela en nosotros al sujeto puro, que está cubierto de todo, al que nada ni nadie pueden obligar, y cuya naturaleza es, así, divina.

El Otro es aquel que está ahí con nosotros, en nosotros, como todopoderoso compañero. Nunca estamos solos, siempre está el otro.

La Confianza
Puesto que Dios se ocupa de nosotros, que somos sus hijos, no tenemos nada que temer y podemos tener una confianza total. ¿Y si llegan infortunios? Esta hipótesis es tanto menos gratuita cuanto que el mundo antiguo es poco seguro: La enfermedad, la muerte y la ruina son realidades que pueden estar presentes en todas las edades y en todos los niveles de la escala sociales.

El estoicismo cae en el conjuro, ni garantiza a nadie la menor protección contra la catástrofe. Su actitud no tiene nada de mágico. ¿Qué significa entonces esa confianza?

Lo que temes es no poder llevar una vida de enfermo. Para saber cómo viven los sanos, observa cómo viven los esclavos, los obreros, los verdaderos filósofos. Mira que trabajaba sacando agua mientras seguía sus estudios. Si es eso lo que deseas, lo tendrás, en todas partes y vivirás con total confianza.

¿Confianza en qué? En la única cosa en que cabe confianza, que sea fiel y sin trabas y que no te puedan quitar, o sea, tu propia elección.

Ahora siento sueño y como siempre consérvense buenos en las cinco actitudes de Dios: Una alegría, amor, aceptación, bendición y agradecimientos totales.

El autor es vicealmirante retirado de la Armada Dominicana.

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