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De mí bitácora: El encuentro con Epícteto. De esclavo a filósofo

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A las 16:00 horas del 16 de agosto de 1953 llegamos a Villa Baggatelle. Don Félix Benitez, la señora Lucienne y el capitán Jhon Percival. Fueron a la terraza, les encanta conversar saboreando el café Paliza mirando el mar Mediterráneo, con la brisa fresca que baja de los Alpes. Don Félix me dice vete a la biblioteca, ahí está lo que te gusta.

Mirando con lentitud distintos títulos de los libros, me detengo, leo el nombre del famoso filósofo francés Jean Joel Duhat, un especialista en filosofía griega. Entusiasmado escojo el libro Epictéte et la sagese stoicienne: Epícteto y la Sabiduría Estoica.

La historia de Epícteto es asombrosa, de esclavo a filósofo. Epícteto es oriundo de Hierapolis (ciudad santa) ciudad Frigia. Hoy Turquía. Esclavo joven fue llevado a Roma, donde tiene como amo a Epafrodito, un liberto de Nerón, que ocupaba un puesto importante y era próximo al emperador Nerón. Este ayudó a Nerón a suicidarse y Domiciano ordenó su muerte.

Epafrodito permitía que su esclavo Epícteto siguiera la enseñanza del maestro filósofo Musonio Rufo. Epícteto es libertado y se convierte en el gran disertador, sublime exponente del estoicismo y atrae a la juventud romana.

Leo una disertación y traduzco con gran cuidado del idioma francés al español.

Me permite entregarles a mis amables lectores estos apuntes. “La naturaleza de todo ser es perseguir el bien y huir del mal. Al que os arrebata y os arroja es en ser contrario debéis considerarlo como un enemigo, como el autor de una maquinación, un hijo o un padre. Pues no tenemos otro pariente tan próximo como el bien. Por lo tanto, si esas cosas (se trata de los bienes exteriores. No podemos pensar en los estragos que causan en los familiares las expectativas de heredar) son bienes y males, ya no hay padres. Para sus hijos, ni hermano para su hermano, sino que todo está en todas partes lleno de enemigos, de intrigantes, de delatores. Sí, en cambio, el único bien es la facultad de elegir lo debido, y el único mal, la facultad de elegir lo no debido, ¿Dónde hay todavía disputa, dónde ofensa?

Amable lector tengo apuntes de las disertaciones de Epícteto a sus discípulos, que nos presentan necesidad de entregarla. Es un retrato de que el hombre siempre ha sido el mismo. Solo la diferencia es la época y lugar que ha transitado. Volveremos con apuntes más viejos que yo. Lo que me pregunto por qué en el 1953 con 26 años me atraía tomar notas de tantas cosas distintas. Creo obedecía a mi naturaleza.

Los dejo con Epícteto: “Lo que une a los hombres es su naturaleza, en cuanto comparten la misma razón y el mismo carácter divino y participan el mismo orden cósmico.

Si la naturaleza nos llama a hacer el bien, ¿cómo responder el mal? Ya hemos visto que el único mal es el que uno mismo comete, de modo que nadie puede hacerme daño”. Consérvese bueno

El autor es vicealmirante retirado de la Armada Dominicana

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