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Demagogia o populismo: tarea ahora o nunca

LA VOZ DE LOS QUE NO LA TIENEN ||
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“En algunos casos se identifica erróneamente el populismo con la demagogia mientras ésta última está referida al discurso del político buscando influir en las emociones de los votantes, el populismo está referido a la medidas que toma un político, buscando la aceptación de los votantes. Fuente: Wikipedia.
Balbina Negreira

¿Cómo empezar a combatir la costumbre y arraigo de la corrupción pública en RD?

Cuando se permiten-que es lo mismo-a que no se sancionen actos en contra de la ética y moralidad de un empleado público, incluyendo a los policías y militares, justificándolos muchas veces la misma sociedad con relación a que el sueldo que gana no da para vivir, lo que es cierto, pero implícitamente estamos dándole la razón para que éstos empleados del Estado “se busquen la vida” durante el cumplimiento de sus funciones como servidores público.

Los sueldos en nuestro país no están acorde con la actividad laboral realizada. Desde nuestro domicilio como es la asistencia doméstica pasando por la policía nacional y el ejército, las diferentes dependencias de la administración del Estado, profesionales técnicos hasta los profesionales con titulación universitaria, ninguno gana lo que se merece.

El raso o un cabo destinado en la frontera, la pregunta que todos y todas debemos hacernos ¿debe este servidor, en cierta manera, compensar su desgracia a tan lejano destino aprovecharse y hacer chanchullos? ¿Es esto corrupción o no? La sustracción del erario no se puede matizar porque el sueldo sea mísero, porque es de todos conocidos que también se comprueban a diario las debilidades y malicia de algunos de los que tienen un buen sueldo.

Entonces el problema real o de fondo visto desde esta perspectiva ¿es el sueldo? Considero como corrupción desde el empleado público que le “pide 100 pesos para gestionarle un documento a un ciudadano como al director de una empresa del Estado que emplea a medio centenar de “familiares indirectos” para solucionarles la vida-durante cuatro años- con el dinero de los dominicanos y dominicanas.

Entonces dentro de este contexto la corrupción es leve, moderada y grave, pero no por ello deja de llamarse corrupción y los que las practican corruptos: ¿Sí o No?

¿Es tradición? ¿Es cultural? ¿Fue legado de Colón y demás colonizadores y conquistadores? ¿Es normal? ¿Somos menos corruptos que en otros países? ¿O nos tomamos con más seriedad este tema?
Por lo que, si en verdad queremos realizar sin demagogia la tarea de ir saneando las dependencias del Estado dominicano, lo que procede es poner en marcha la carrera administrativa: un puesto de trabajo fijo a los y las dominicanos. Aquí el espacio político para la demagogia es tubular, sería toda una demostración de habilidad del dominio de la oratoria decirles a los dominicanos (as) que se realizarán oposición o concursos para la obtención de una plaza fija de empleo y, a la vez, que se le dará trabajo a todos y todas, elegimos: ¿demagogia o populismo?

Dicho esto, quién sería el verdadero artífice de que esto se lleve a la práctica. Primero, lo ideal sería que el gobierno de turno tuviese como programa de gestión hacerlo, lo cual está de más decirlo como que no está en ello. Segundo, la oposición los dirigentes y líderes políticos donde se le explique al pueblo que acepte cambiar su-futuro laboral-por un empleo por cuatro años o un empleo para toda la vida, tendría en sus manos la balanza: sopesar empleo efímero o consolidación de empleo.

Asegurarle un trabajo “para toda la vida”, es decir, sacar por oposición o concurso las plazas en toda la administración del Estado dominicano, esto le permitirá realizar su trabajo, además, de eficiente con la seguridad que desde ya tendrá jubilación y, por lo tanto, un envejecimiento digno. Que puede ir al banco a solicitar una hipoteca o un préstamo para comprarse una vivienda o un carro. Sus hijos podrán estudiar porque sus padres tienen un empleo que les permite hacerle frente a los gastos habituales de una familia.

Vivimos en una democracia, los que deseen ser ricos o millonarios pues existen vías, por supuesto, me refiero a las legales para conseguirlo. Pero lo que no podemos continuar es con la práctica de que un ministro llegue en un destartalado carro a su primer día de trabajo y, que cuatro años más tarde tenga: el de ir al despacho, el de llevar a los niños al colegio, el de la esposa o esposo, el de hacer los recados de la casa, y el de los domingos. Y ustedes saben que faltan el helicóptero, el yate, la segunda casa, etc.

Llegó la hora y el momento político a mi modo de ver, de que o damos un paso adelante o estaremos-constantemente-quejándonos de nuestro presente como nación. Por ello digo:” demagogia o populismo”. Soy consciente de que muchos de los que están leyendo este artículo no están nada de acuerdo con mi postura-es respetable-pero es mi obligación como dominicana expresar mi parecer, lo siento, pero siempre intento escribir no tan sólo para criticar sino, además, dar una humilde opinión de los conocimientos y datos que manejo. Lo hago con la responsabilidad como ciudadana de que llevamos desde casi a mediados del siglo pasado protestando y maldiciendo a los políticos y a la actividad política en sí misma-que dicho sea de paso-cada vez más esta menos valorada, pero a la hora de ponernos las faldas y los pantalones para resolver nuestros problemas domésticos entonces miramos al cielo.

¿Hay voluntad política? ¿Hay interés de la ciudadanía? ¿Qué desea el pueblo? ¿Cómo quieren los contribuyentes, los que pagan impuestos, que se emplee su dinero? pues manos a la obra y decidamos de una vez y por todas, utilizar los mecanismos legales y, si hay “un vacío legal” entonces someterla por ley al congreso y al poder ejecutivo.

Hay un proyecto elaborado- un plan de nación a 20 años-magnífico, aunque desconozco todos los detalles del mismo, pero es la primera vez que al menos yo escucho que un líder político tiene un planning como país. La improvisación ha dominado siempre la gestión política partidista, por lo que, es esta la mejor oportunidad de ir cotejando la trilogía: empleo estable, programas (educación, sanidad, etc.) de continuidad sin importar la bandería política gobernante e infraestructura, ésta fórmula política será igual a beneficios sociales a corto, a mediano y a largo plazo para los dominicanos y dominicanas: un proyecto político como nación.

Es sin lugar a dudas, que para que este proyecto de nación a 20 años se materialice, se debería realizar una ardua tarea de educación política y concientización a la población, con la inestimable y desinteresada colaboración de nuestros dirigentes y líderes políticos, líderes comunitarios, los empresarios ¿por qué no? implicar a la Iglesia católica y a la protestante, debido a que en países como el nuestro con una tradición religiosa, leemos con frecuencia como se solicita la intervención de nuestro cardenal López Rodríguez, como mediador sobre todo en las desavenencias del poder ejecutivo versus sectores y gremios implicados. Claro, que luego no pasa por ejemplo, la ley para legalizar el aborto. Pero eso se soluciona con la paridad bicameral.

Se debe adecuar el ejercicio político “sui generis” que tenemos a una actividad política partidista más democrática y cosmopolita, alejándonos del caudillaje o caciquismo. Pero con voluntad y no niego que muchos sacrificios, sólo así podremos recobrar nuestros valores, además, de patrios el tan sólo ser los artífices de que: “había un país en el mundo llamado República Bananera” y, que gracias al trabajo, la decencia y la honestidad de sus ciudadanos y ciudadanas en la primera mitad del siglo XXI fue posible rebautizarla como República Dominicana (si se comienza ahora en 40 años tendremos un país respetable a nivel nacional e Internacional).

Las metas y, por consiguiente, los objetivos deben ser que la corrupción en nuestro país, sea vista como un caso o hecho aislado, una noticia que nos deje estupefactos y perplejos, que sea el “cotilleo político” de los programas de TV, radio, periódicos y revistas, no como el dengue y la malaria que no ha habido forma epidemiológica de controlarlo.

Madrid-España.

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