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Meditabundo: El corrupto es prisionero de sí mismo

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El corrupto en la impunidad se pavonea como un pavo enamorado, gozando la fortuna mal habida. No entrega al hijo los buenos hábitos por vivir en la perversidad. Lo que de pequeño se aprende nunca del todo se olvida. Papá nos explicaba lo malo del refrán: “hijo de gato caza ratón”. La impunidad protege al malo y perjudica al bueno. Manchado vive el que procura y ejerce la corrupción, desobedece la ley natural y la creada por los hombres.

Hay inquietudes, si alguno es encerrado años por soborno, los otros no dormirán tranquilos, estarán inseguros, el miedo altera, atormenta más las culpas cometidas, es desdichado y el espíritu enferma. Mira para todo lado y el miedo se dibuja en el rostro, ya lo hemos visto en la cara del corrupto que huye del juicio, es confesión de delito. La mente en sus inquietudes lo hace indeterminado, no vive en libertad… Está alejado de Dios por la pérdida de serenidad.

Leyendo a San Francisco Javier, este aconseja: “Aunque nadie ha podido regresar y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede volver a comenzar ahora y hacer un nuevo final”.

Consérvese bueno.

El autor es vicealmirante retirado de la Armada Dominicana

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