Que los más de once mil pacientes diagnosticados con dengue preocupen en el país, y que las 116 muertes ensombrezcan el sistema de salud pública dominicano, eso es más que entendible; y que el presidente de la Comisión de Salud del Senado, Luís René Canaán, califique de «preocupante» la situación sanitaria es también obvio, porque las estadísticas nuevamente convierten la enfermedad en un grave problema para las autoridades, que no acaban de entender que no es después, sino mucho antes, que debe actuarse ante males como este y otros.
El presidente del Colegio Médico Dominicano (CMD), Pedro Sing, advirtió que el número de afectados puede ser mucho más alto si los responsables de velar por la salud de la sociedad y la población en general no toman medidas preventivas.
Ahora bien, el debate de si son más o menos los casos contabilizados no procede en absoluto y el número de mortalidad, que se dice, está a las puertas de alcanzar cifras que caracterizan un brote epidémico, tiene que erradicarse cuanto antes. Tal y como ha repetido Sing: no es tiempo “para buscar culpables por los numerosos decesos, sino para aunar esfuerzos”.
Canaán abogó por la modernización del protocolo de prevención, actualmente desactualizado, así como por el uso de las redes sociales y la publicidad. La convocatoria atañe a médicos y pacientes todos, sin olvidar esa población más vulnerable, que es la infantil. Definitivamente, todo menor o adulto con síntomas febriles, debe ser valorado por un facultativo y hasta concluir que no se trata del dengue, mantenerle bajo observación.
De las medidas preventivas, habrá que repetirlas hasta el cansancio, no permitir los criaderos del mosquito, que igual se reproducen en aguas limpias estancadas, higienizar el entorno es un deber social para preservar la vida de cada quien y de su familia.
El dengue no puede vencernos, sino, nosotros a él.




