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Valores

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Tras la entrada total y triunfal del año 2010 en los hogares de la República Dominicana y de todas las naciones de este mundo, los ecos de los aires recordarán lo que el autor de “La Resistencia” invita a comprender con osadía, en el sentido de proteger y abrazar a este mundo que cruje y amenaza con derrumbarse, “ese mundo que para mayor ironía es el resultado de la voluntad del hombre, de su prometeico intento de dominación”.

Sin embargo, otra afirmación se abre paso en el empeño humano e intransferible de “superar las tormentas de la vida, de crear la existencia después de las caídas…”

Por encima de los avatares cotidianos, de las necesidades económicas; de los desvíos que provocan la corrupción y las tormentosas expresiones de violencia que han sacudido a la nación dominicana, este pueblo noble abre sus puertas a un nuevo año, como quien deshace las viejas cortinas y erige su bandera del amor, cual salvación y promesa de un mejor futuro.

Según F. Dostoievski cada uno de nosotros es culpable ante todos, por todos y por todo. Soñar con una mejor salud, que la educación esté al alcance y al nivel de cada quien; que la seguridad social alcance cada una de las esferas, sin preferencias clasistas, sino por la capacidad del individuo, significa una utopía que alguna vez debe ser realizable.

¿Acaso los proyectos más inaccesibles no han nacido, primero, como sueños casi irrealizables?

Junto a todo ello está claro que “el ser humano no podría sobrevivir sin héroes, santos y mártires porque el amor, como el verdadero acto creador, es siempre la victoria sobre el mal”.

En este 2010, soñemos, amemos y, por supuesto: ¡actuemos! Tampoco tenemos muchas armas más para vencer los males…

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