Y ¿qué hacer con quienes pueden portarlas?

El Ministro de Interior y Seguridad Pública de la República Dominicana, Franklin Almeida Rancier, refiere que en el país existen alrededor de 200 mil civiles que portan armas de fuego. Esta situación tiene muchas interpretaciones, sobre todo si se entiende, como así es, que su ministerio es el responsable de controlar a quienes portan esas armas.

Y ya no vale la pena acusar al gobierno del PRD y a Hipólito Mejía por no haber registrado la cantidad real de propietarias de armas, porque la cifra de muertos y de víctimas por la violencia aumenta día a día y no siempre a manos de quienes portan ilegalmente dichas armas.

Claro que desde hace tiempo se debe llevar el control de la importación, exportación, porte y tenencia de las armas; así como la regulación de las armerías.

No se trata sólo del dolor por la pérdida injustificable del octogenario Elio Reyes Severino, o del joven universitario Abraham Ramos, entre quienes integran las últimas muertes de personas que no han acatado la orden de detenerse hecha por agentes de la Policía, desde julio de 2009 hasta la fecha.

Son muchos los comentarios en contra de las actitudes de agentes policiales, cuyas órdenes de detención jamás pueden materializarse con disparos y mucho menos con la muerte. Otros asesinatos ensombrecen la imagen policial y alejan la imagen respetable y respetuosa del agente que representa a dicha institución. Porque la pregunta sigue siendo: ¿me defienden o me matan?

Que se asuman medidas de sometimiento y se intente hacer justicia es imprescindible en casos así. Pero, nada retorna a la vida a quienes fueron asesinados sin justificación alguna.

El vocero de la Policía Nacional, general Nelson Rosario, ha llamado a la población a obedecer a sus agentes, cuando estos dan la voz de ¡alto! mientras realizan operativos, pero se sabe también de las muchas acciones delictivas llevadas a cabo por individuos uniformados.

En realidad, es un momento difícil para la organización castrense y sobre todo para la población. De un lado se requiere obediencia a sus miembros para combatir la violencia ciudadana; del otro, la ciudadanía ha dejado de confiar en quienes ejercen el orden y eso es muy peligroso…

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