La memoria prestada

Vicealmirante (r) Homero Luis Lajara Solá

Hace unos días releí un artículo del escritor y filósofo italiano Umberto Eco publicado en 1991. Lo terminé con la impresión de que su título decía menos de lo que realmente contenía. “Por qué los libros prolongan la vida” no es un elogio de la lectura; es una explicación de por qué el ser humano logró vencer al tiempo.

Eco comienza recordando un temor muy antiguo. Cuando apareció la escritura, ya había quienes pensaban que el hombre dejaría de ejercitar la memoria. Platón recoge ese miedo en el Fedro, cuando el dios egipcio Thot presenta la escritura como un invento extraordinario y el faraón teme que, precisamente por escribir, el hombre deje de recordar. Hoy ocurre algo parecido con la inteligencia artificial. Cambia la tecnología, pero no el miedo.

Luego Eco hace una afirmación extraordinaria: el verdadero invento no fue el libro, sino la posibilidad de conservar la experiencia humana. Antes, la memoria vivía en los ancianos de la tribu. Sentados alrededor del fuego contaban lo que había ocurrido antes del nacimiento de los jóvenes. Eran la biblioteca viviente de la comunidad. Si ellos desaparecían, también desaparecía buena parte de la historia.

Con la escritura ocurrió algo distinto. Los ancianos dejaron de ser los únicos guardianes de la memoria. Esa experiencia quedó depositada en los libros. Por eso Eco afirma que los libros son nuestros viejos. Nunca había encontrado una definición tan hermosa.

A partir de ahí se entiende su frase más conocida: “Un hombre que lee vale por dos.” No porque sea más inteligente, sino porque ha heredado recuerdos que nunca fueron suyos.

Pueden aprender de Solón, el gran legislador de Atenas; escuchar los relatos de Scheherezade, la narradora de Las mil y una noches; o comprender por qué los Idus de marzo marcaron el asesinato de Julio César y cambiaron el rumbo de Roma. Ninguna de esas experiencias ocurrió en su vida, pero todas pasan a formar parte de su memoria.

Quizá esa sea la mayor enseñanza de Umberto Eco. Los años pueden medirse con un calendario. La vida, en cambio, se mide por la cantidad de experiencias que somos capaces de incorporar. Quien no lee vivirá únicamente su historia. Quien hace de los libros una costumbre también heredará la historia de la humanidad.

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