El tiempo lo demanda

Homero Luis Lajara Solá

Las instituciones militares no pueden navegar tiempos difíciles con brújulas rotas ni con timones desfasados. Pero tampoco deben olvidar aquellas brújulas antiguas que durante generaciones enseñaron el camino correcto: honor, disciplina, respeto a la ley, amor a la patria y lealtad a la misión.

Hoy más que nunca resulta urgente una reestructuración profunda de las fuerzas, comenzando incluso por aspectos que algunos consideran menores, pero que en realidad sostienen la esencia del orden institucional: reglamentos de uniformes, símbolos, protocolos, disciplina exterior y respeto estricto a las competencias establecidas por la ley.

En las instituciones armadas, la forma también educa. El uniforme, las insignias y el comportamiento no son adornos; representan autoridad, cohesión y sentido de pertenencia.

Del mismo modo, el Estado debe revisar con claridad la regulación de ciertas entidades que, en ocasiones, intentan subrogarse funciones militares o policiales sin el marco doctrinal, jurídico ni operativo correspondiente.

La seguridad nacional y el orden público requieren delimitaciones precisas de competencias para evitar confusiones, duplicidades y vacíos de autoridad que terminan debilitando la institucionalidad.

También se necesita fortalecer el comando y control, evaluar con seriedad el desempeño, actualizar las leyes conforme a las amenazas contemporáneas y devolver a los cuarteles el sentido profundo de su existencia institucional. No basta con administrar estructuras; hay que formar carácter.

La doctrina no se transmite únicamente mediante reglamentos. Se consolida predicando con el ejemplo. El superior que actúa con equilibrio, preparación, prudencia y sentido del deber enseña más que cualquier discurso. Las nuevas generaciones observan silenciosamente y terminan imitando conductas mucho más que palabras.

Por eso resulta esencial motivar el camino del bien y la búsqueda permanente de la excelencia. Las credenciales y los títulos son importantes, pero el verdadero profesional es aquel que desarrolla pensamiento crítico para comprender la misión real que representa el uniforme y el compromiso histórico que asume frente a la nación.

Los clásicos universales ayudan a comprenderlo. Tucídides advertía que las divisiones internas terminan debilitando a las instituciones frente a actores externos. Marco Aurelio recordaba que la autoridad comienza por el dominio de uno mismo. Y Cervantes enseñó que el honor no depende únicamente de lo que se ostenta, sino de la conducta que se mantiene aún en tiempos adversos.

Por eso conviene disminuir la dependencia de la aprobación instantánea de las redes sociales y concentrarse nuevamente en las misiones esenciales. La popularidad nunca debe sustituir la preparación, la disciplina ni la profundidad doctrinal.

Igualmente, el tiempo exige mantener alejadas las pasiones políticas de las interioridades militares. Cuando las influencias externas penetran en la vida institucional, la cohesión comienza a erosionarse silenciosamente y el respeto colectivo termina debilitándose.

Retomar las brújulas antiguas no significa vivir anclados al pasado. Significa rescatar principios permanentes que ayudaron a construir instituciones fuertes, respetadas y conscientes de su deber histórico.

Porque al final, en medio de cualquier tormenta, los pueblos y sus fuerzas armadas solo conservan el rumbo cuando saben exactamente cuál es su misión y tienen la serenidad moral para cumplirla.

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