La lealtad

Un perro echado a tu lado, tranquilo, vigilante sin tensión… presente. No necesita protagonismo ni reconocimiento. Está ahí, simplemente porque sí. Porque te pertenece sin cadenas y te acompaña sin condiciones.

La lealtad verdadera es así: no hace ruido, no exige, no se anuncia.

No es la que aparece en los momentos de aplauso, sino la que se queda en silencio, incluso cuando no hay nada que ganar. La que descansa cerca, pero siempre está alerta por ti.

En un mundo donde muchos se mueven por interés, la lealtad de un can —como la de ese compañero a tus pies— es una lección limpia, casi incómoda: estar, sin cálculo.

Eso no se enseña.

Compartir esta publicación:

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Pinterest

La lealtad