La moral de las instituciones

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Es necesario mantener bien orientados a los presidentes de la república en materia de defensa, sobre todo porque a veces, las debilidades institucionales les impiden ver la totalidad del espectro relacionado con un principio antiguo que atraviesa toda la historia militar: el mando verdadero nace en la fragua del cuartel.

Los clásicos lo entendieron con claridad. Sun Tzu, en The Art of War (El arte de la guerra), advertía que el general que no conoce la vida de sus soldados ni las fatigas del campo termina perdiendo la cohesión de su ejército.

Julius Caesar marchaba con sus legiones y compartía sus privaciones porque sabía que la autoridad no se sostiene sólo en el rango, sino en el ejemplo.

Homero Luis Lajara Solá

Siglos después, Niccolò di Bernardo dei Machiavelli escribió también Dell´arte della guerra (El arte de la guerra), inspirado en las legiones romanas, donde explica que los ejércitos se debilitan cuando el mando se separa de la disciplina y de la experiencia real del servicio. Su obra más conocida es Il Principatibus (El príncipe), pero en su tratado militar deja claro que la solidez de un ejército nace del entrenamiento, la organización y la legitimidad del mando.

Más tarde, Carl von Clausewitz, en Vom Kriege (De la guerra), recordaría que la fuerza moral de un ejército es tan decisiva como sus armas.

Por eso, cuando se promueve a oficiales que no se han forjado en la fragua del cuartel ni en la cubierta de los barcos, el problema no es sólo administrativo. La tropa / tripulación y la oficialidad saben distinguir quién ha construido su carrera con base en años de servicio, maniobras y responsabilidades, diferenciándolo de quien ha llegado tomando atajos. Cuando esa diferencia se hace evidente, comienza una desmoralización silenciosa que erosiona el espíritu de cuerpo.

Los romanos lo resumían en una frase sencilla:

Exemplo ducit, non imperio — “Se conduce por el ejemplo, no sólo por la orden.”

Por eso, orientar correctamente al poder político en estos temas no es un detalle menor: significa proteger la moral de los cuerpos castrenses y también policiales, es decir los pilares de la defensa y la seguridad del Estado. La constancia institucional les permitirá comprenderlo para bien de todos.

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