Dicen que no hay otras lunas como las de octubre. También repetían las abuelas aquello de “octubre, todo lo pudre”, haciendo eferencias de las lluvias intensas que abaten estos días del décimo mes del año.
En la República Dominicana hay mucho más: octubre se presenta como mes de actividades culturales, poéticas, artísticas y también, como período en el cual se le brindará tributo a Salomé Ureña, esa hermosa dominicana, nacida el 21 de octubre de 1850 en la ciudad de Santo Domingo, niña precoz, como apuntan sus datos biográficos, “que se convertiría, más tarde, en una de las poetisas más grande de América”.
Una mirada particular, especial y llena de pleno orgullo merece esta valerosa mujer que acompañó en matrimonio a Don Francisco Henríquez y Carvajal y tuvo hijos de la talla de Francisco, Pedro, Max y Camila Henríquez Ureña, cuyas obras siguen siendo paradigmáticas, no sólo para la República Dominicana, sino para Cuba, donde desarrollaron una encomiable labor pedagógica, intelectual y muy revolucionaria para la época que les tocó vivir.
En memoria a Salomé Ureña, con la misma ternura que compuso El Ave y el Nido y con el patriotismo de ese poema salido del alma: A la Patria, entre tantos otros, es preciso que octubre se eleve en evocación de la humanista, pedagoga, considerada entre las figuras femeninas más destacadas de la América Hispana en el siglo XX.
Que dominicanas y dominicanos hagan suyo ese orgullo nacional de seres que construyeron con valor, inteligencia y amor esta nación que hoy disfrutamos. Que la poesía se alce por cada una de las calles y haya un respiro de amor y paz, como puede ella proporcionarlo.




