Meditabundo: ¡Alcaldes y regidores armados!

El coliseo por el trofeo de la llamada “Regla de Oro” indica el interés por el oro. Las auditorías multimillonarias (irregularidades) que entrega la Cámara de Cuentas al procurador general de la República para ser engavetadas son retratos fieles del por qué los partidos políticos siguen sin ley. Su impunidad se impone, la aman, para eso están en el sistema de intereses económicos políticos.
 
Inconcebible, pero, realidad vergonzosa el llamado a entregar las armas a alcaldes y regidores. ¿Por qué requieren armas? Creo no estar equivocado, lo que está roto en el interior de estos dominicanos es la regla natural del comportamiento moral. La naturaleza racional es obligatoria a todos los seres humanos. ¿Dónde está la reflexión con inteligencia que evita que se enfrenten consigo mismo? Se está perdido en lo irracional, impulsado por un exceso externo y proclive a cualquier suceso desgraciado.
 
Es sumamente lamentable que funcionarios públicos, elegidos por el pueblo, carezcan de la fuerza espiritual que los aleje del deber que exige el cargo. ¿Por qué no eliminar los malos pensamientos y acrecentar los buenos? Ese temor a las armas es evidente. Cuando se está en la búsqueda de beneficios, contrarios a la Constitución y leyes, es palpable, no es el camino recto. Seguirán los males en los municipios, hasta el sicariato ha matado a un regidor. Urgen hombres, no varones. Cuestionarse de seguro algo bueno surge y la conducta sería otra. La vida no merece la constante discordia atraída por lo material, lo pasajero. Este es el mal, rotura de la razón, la regla del comportamiento está dentro de nosotros, por propia naturaleza. No es regla de conducta sentirse bien al portar un arma, no es prudencia. Cuidar las palabras que originan las acciones es la primera regla de la conducta moral. Cuidar las propias obligaciones y no tratar de quitar lo que no corresponde, evita graves males entre los seres humanos.
 
Invito escuchar a nuestros invitados. Aristóteles: “La política es el verdadero bien del hombre, un bien idéntico par el individuo y para el Estado”.
 
Publio Sirio: “Quien solo vive para sí, está muerto para los demás.

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