EE. UU. Hay decisiones que van mucho más allá de simpatizar o no con un medio de comunicación.El anuncio del presidente Donald Trump de prohibir el acceso a la Casa Blanca a CNN, MS NOW y Politico, acusándolos de publicar “fake news”, abre una discusión mucho más seria: qué ocurre cuando el poder decide quién puede cubrirlo y quién no, especialmente cuando esa decisión está relacionada con una cobertura que le resulta incómoda.
Y es que la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos establece que el Congreso no podrá aprobar leyes que limiten “la libertad de expresión o de prensa”. No es una frase cualquiera. Es uno de los pilares sobre los que se construyó este país y una protección esencial frente al poder del Gobierno.
Un presidente tiene derecho a cuestionar una información, denunciar errores, responder a un periodista o criticar duramente a un medio. Pero utilizar el acceso a la Casa Blanca como respuesta a lo que publica ese medio plantea preguntas mucho más delicadas.
Además, Estados Unidos tiene una tradición enorme de periodismo de investigación. Basta recordar Watergate. Bob Woodward y Carl Bernstein, de The Washington Post,siguieron durante meses las conexiones entre el allanamiento de la sede del Partido Demócrata y la campaña de reelección de Richard Nixon. Su trabajo ayudó a sacar a la luz un escándalo que después investigaron el FBI, el Congreso y los tribunales, y que terminó con Nixon renunciando a la presidencia en agosto de 1974 ante un proceso de destitución que avanzaba en la Cámara.
Por eso lo que está ocurriendo merece atención. No porque se trate de CNN, MS NOW o Politico. Mañana podría ser cualquier otro medio. La prensa puede equivocarse y, cuando lo hace, debe rectificar y responder por ello. Pero la verdad es que una prensa libre no existe para complacer al Gobierno de turno. Existe también para preguntar lo que incomoda, investigar lo que alguien preferiría mantener fuera de los titulares y exigir respuestas a quienes tienen poder.
La libertad de prensa se pone realmente a prueba cuando protege al periodista que molesta, al que insiste y al que hace preguntas difíciles. Si solo defendemos esa libertad cuando estamos de acuerdo con lo que se publica, entonces pierde buena parte de su sentido. La historia de Estados Unidos ya ha demostrado por qué una prensa capaz de investigar al poder es necesaria. Y precisamente por eso, lo que está pasando ahora no debería parecernos un asunto menor.
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