La DNCD informa de un operativo conjunto con otros organismos. Sin embargo, conviene precisar —porque la verdad operativa no admite omisiones— que la Armada participó con sus guardacostas, lanchas interceptoras y comandos anfibios, ejecutando la fase táctica que hace posible el resultado.
Cuando la inteligencia proviene de agencias como la DEA, y la interdicción en el mar la realiza la Armada, lo correcto es que el relato refleje esa secuencia con rigor. No hacerlo, y limitarse al recurrente copiar y pegar, rompe la lógica de los hechos y desdibuja responsabilidades que son, además, legales.
La DNCD puede coordinar, pero cuando se emplean medios navales en operaciones reales, la conducción táctica y el riesgo recaen en la Armada. Eso no es una opinión: es doctrina, tradición y marco jurídico.
Llama la atención que, una vez más, prevalezca una visión mezquina de lo institucional. No se trata de protagonismo, sino de respeto a la verdad y a quienes ponen los medios, el conocimiento y el cuerpo en el teatro de operaciones.
El éxito en la función pública no consiste en la permanencia en el cargo, sino en dejar instituciones más sólidas, más respetadas y mejor articuladas que como se encontraron. Es ahí donde se mide el carácter, la dignidad y el legado frente a las generaciones que observan.




