Para muchos resulta extraño que, pese a los niveles de cooperación que han existido con países como el nuestro, el secretario de Guerra de los Estados Unidos haya advertido recientemente a los gobiernos latinoamericanos, por medio de sus ministros de Defensa y sus pares, que Washington está dispuesto incluso a lanzar en solitario una ofensiva militar contra los carteles del narcotráfico.
Según las declaraciones del secretario Hegseth reseñadas en la prensa de hoy, Estados Unidos de Norteamérica está preparado para enfrentar lo que califican como amenazas de “narcoterrorismo” y actuar unilateralmente si fuese necesario. Al mismo tiempo, pidió a los ministros de Defensa y a los comandantes militares de América Latina que se sumen a esa lucha de manera conjunta con ellos.
La formulación resulta, cuando menos, contradictoria: por un lado se plantea la posibilidad de actuar solos si es necesario, y por otro se convoca a una acción conjunta. Pero, más allá de esa contradicción, tampoco parece la manera más elegante de abordar públicamente un tema tan delicado con países que, al menos formalmente, son Estados soberanos.
En asuntos de seguridad hemisférica, la cooperación suele construirse sobre la base de la confianza, el respeto mutuo y la discreción diplomática. Eso no los enseñaron precisamente en nuestros estudios en ese país amigo.
Cuando el lenguaje público sugiere la posibilidad de acciones unilaterales, inevitablemente genera una incomodidad política innecesaria en países de la región que son celosos con su soberanía y debilita el espíritu de colaboración que precisamente se dice querer fortalecer.
A veces no es el fondo, sino la forma.




