En una entrevista el subdirector de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Julio Berdegué ha asegurado que las empresas de la alimentación tienen un dilema: sumarse a la lucha contra la obesidad pronto y de manera proactiva, o hacerlo tarde y a la fuerza.
“No creo que exista un futuro para una industria alimentaria ligada a problemas de salud de este tamaño”, dijo, en alusión a la mala alimentación que ha contribuido al aumento del sobrepeso y la obesidad en la región, factores ligados a enfermedades no transmisibles como la diabetes y la hipertensión.
El también subdirector general de la FAO urgió a las empresas a “adelantarse y ser parte del diálogo para promover políticas activas pronto y hacer contribuciones positivas en lugar de estar jugando una lucha defensiva que no tiene destino y que tienen perdida”.
A su juicio, no hay duda de que se van a desarrollar nuevas políticas ante un fenómeno que ya genera un debate diario y que será como el que en su día tuvo el tabaco.
“Los países apenas se han dado cuenta de la fenomenal gravedad del problema” después de que los ministerios de Salud hayan hecho sonar las alarmas, afirmó Berdegué, para quien “falta mucho, pero están despertando”.
Se han empezado a ver las primeras acciones de políticas públicas, como en Chile, que en 2016 introdujo un nuevo reglamento para etiquetar los alimentos que recibió fuertes presiones de grandes multinacionales.
El representante de la FAO consideró que allí las filiales “están haciendo muy buenos negocios y se adaptaron a las leyes”, por lo que pueden aprender a medida que los países impongan sus políticas.
Ante las medidas más tibias de otros Estados, el representante de la FAO consideró que deberían ser “más sustantivas” en áreas como el etiquetado, los impuestos a ciertos alimentos y bebidas no saludables y la corrección de los niveles de grasas y azúcares.
Ministros y otros altos cargos de los 33 países miembros de la organización en la región se darán cita a partir de hoy, martes, aunque ya han comenzado las reuniones técnicas preparatorias de un encuentro que también tendrá entre sus puntos claves la lucha contra la desnutrición.
El hambre que no cesa y aumenta
Pese a los avances de las últimas décadas, entre 2015 y 2016 el hambre creció en 2,4 millones de personas en América Latina y el Caribe, hasta los 42,5 millones, tras varios años de estancamiento.
Entre sus causas, Berdegué citó la desaceleración económica, que llevó a muchos hogares a perder capacidad de comprar alimentos y a ciertos gobiernos a disminuir sus ingresos fiscales y recortar programas sociales.
Aunque en general no faltan alimentos en la zona, según Berdegué, existe gran preocupación por la incidencia del hambre en Haití, donde se estima que el 46,8 % de la población la sufría entre 2014 y 2016.
Mientras, se observa un “fuerte crecimiento del hambre en Venezuela”, con el 13 % de la población en esa situación durante ese periodo, lo que supone un aumento de 3,9 puntos porcentuales o 1,3 millones de personas respecto al trienio anterior.