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Damian Lillard, el “Llanero Solitario”

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Los Ángeles.- Damian Lillard terminaba de vestirse de calle tras el encuentro de pretemporada ante Los Angeles Lakers. Restaban pocos días para que comenzara la presente campaña y acababa de perder ante unos laguneros nada prometedores. Se mostró contrariado y algo tímido cuando ESPN Digital le abordó para hablar a solas. El contexto era extraño.
 
Pocos meses atrás, el 9 de julio, el armador había renovado con los Portland Trail Blazers (cinco años y 120 millones de dólares). Sin embargo, ese mismo día de verano, LaMarcus Aldridge optó por marcharse a San Antonio Spurs (cuatro años y 80 millones de dólares). Su media naranja le había dejado solo y a Lillard eso le sentó como una puñalada por la espalda.
 
A pesar de la partida del ala-pívot, el Novato del Año de 2013 tenía claro que podía llegar a ser un Jugador Más Valioso en el futuro. Su espejo era Stephen Curry. La manera en la que él lo había logrado le hacía tener sus esperanzas intactas. Jugador de corta estatura, hábil y con buen disparo -salvemos las distancias-. Cuando confesó que realmente se sentía capacitado para ese galardón, su mirada era limpia como un manantial, pero indecisa como un mar atormentado. Era consciente de que sin Aldridge, aquellas palabras optimistas se las podía llevar la corriente. Se sintió solo, aunque confiado.
 
La temporada se fue desarrollando y Lillard se sentía cómodo en el plano individual, pero excesivamente aislado en un equipo que no cumplía con las expectativas de otros años. Hasta enero, su cabeza le bombardeó con la idea de una hipotética no clasificación a la postemporada que solo se perdió en su año de novato, en los dos siguientes firmó como presente aunque cayera eliminado en la primera ronda. El equipo no comenzó a carburar hasta mediados de enero, remontaron el vuelo y su consistencia individual fue más notoria gracias a la sintonía con sus compañeros. Finalmente alcanzó los mejores números de sus cuatro años de carrera, con 25.1 puntos y 6.8 asistencias por juego y 37.5 por ciento desde el arco de triples. Se trató de un espejismo.
 
Los éxitos individuales no sirven cuando el resto de la manada no responde de la manera adecuada. Eso es exactamente lo que le sucedió en tramos de la temporada regular y, especialmente, en los dos juegos de playoffs que los Trail Blazers han perdido ante Los Angeles Clippers. Él hizo los deberes, ellos no.
 
Hasta 30 oportunidades de asistencias generó Lillard en sendas derrotas de los suyos antes de llevar la serie a Portland. Tres decenas de últimos pases en dos partidos que quedaron en nada. Según datos del departamento de estadísticas de ESPN, 21 de esas oportunidades no tuvieron oposición alguna de los jugadores de los Clippers. El resultado es un total de 8 de 21 (38.1 por ciento) en esos lanzamientos (3 de 8 este miércoles). El compañero que menos capitalizó esos pases fue Al-Farouq Aminu (1 de 8 en triples).
 
«Siempre que miré el marcador, me fijé en el hecho de estar ganándoles en los rebotes. Tuvimos muchas oportunidades. Lanzamos más triples de los que ellos intentaron. Simplemente no aprovechamos las oportunidades y me fijé en ello, pero no creo que esté faltando nada. En el primer juego me concentré en lo que ellos (Clippers) iban a hacer. Pudimos ver qué tipo de marcas nos harían en defensa. Qué plan de juego y nos arrollaron. Me lo pusieron difícil a mí para crear oportunidades, para acceder a diferentes zonas de la duela y ejecutar las jugadas. Esta noche no convertimos esos lanzamientos».
 
El balance de tiros fue nefasto para Lillard en el apartado individual (6-de-22 en tiros de campo y 0-de-6 en triples) y dejó mucho que desear en el colectivo (34.1 por ciento en lanzamientos de campo y 19.2 por ciento desde el perímetro). Él falló como nadie, pero intentó que el resto se aprovechara sin éxito de sus potenciales asistencias. Fue imposible por culpa de una defensa sólida de los Clippers que fue capaz de bloquear hasta nueve intentos de los Blazers el miércoles y 16 en los dos juegos. DeAndre Jordan se ha convertido en la peor pesadilla tanto de Lillard como de CJ Mcollum. Los 17 intentos de internada de ambos fueron frenados en seco.
 
«Tuve más oportunidades claras hoy. La pelota no entró todo lo que hubiera querido, especialmente cuando estábamos con opciones en el partido. Si hubiera sido así hubiéramos llegado fuertes a los últimos dos minutos de partido. Pero no sucedió. Hicieron su trabajo aquí y nosotros lo deberemos hacer en casa», agregó.
 
La soledad de Lillard es parcial por momentos aunque total en perspectiva. Su deseo de llegar a ser Jugador Más Valioso algún día se quedará en el mundo de las ideas sin la compañía adecuada y sobre todo sin una evolución total como jugador. Curry nunca fue ni siquiera un prospecto, pero su ética de trabajo le llevó a ser el que es. Qué le pregunten si no es mejor estar bien acompañado para brillar individualmente. A día de hoy, y a no ser que los Trail Blazers le den un giro a su juego, ni Lillard ni el equipo podrán evitar la tercera despedida seguida de la postemporada por la vía rápida.

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