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“Buenos Aires es como contabas…”

LA VOZ DE LOS QUE NO LA TIENEN ||
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La primavera de Buenos Aires tiene la magia del sol clemente y las temperaturas frescas en este octubre, que recibe al visitante con sus gomeros reverdecidos aun sin flores, aunque Marta Arinoviche y Lucho Vera, ella argentina, él chileno, ambos residentes en la ilustre avenida Alvear, desean a voces que las calles se llenen de jacarandaes y ver como se forman colchones de ellas a cada paso.
 
Da igual, hay que andar, eso sí, sin la premura del tiempo que en el decir de Jorge Luis Borges integran “el olor a jazmín y de la madreselva, el silencio del pájaro dormido…”. Y ahí está él, con la mirada perdida, quien sabe en cuantos laberintos poéticos, sentado junto al siempre seductor Adolfo Bioy Casares, en las sillas que guardan sus figuras en la Confitería de La Biela de la Plaza Juan XXIII, y donde todavía parece que sus dedos se mueven y escriben a dos manos esos libros que cambiaron el rumbo de la literatura en Castellano durante cuatro décadas, bajo el seudónimo común de H. Buotos Domecq y trascendieron a los siglos, hasta encumbrarlos, desde los Premios Cervantes a la inmortalidad.
 
Que nadie se engañe, los argentinos no son ni prepotentes ni presuntuosos ni nada que se acerque a tales definiciones. Por el contrario, guían, explican, orientan y recuerdan a cada paso a “aquellos”, los que llegaron, los inmigrantes italianos, hispanos, franceses, europeos la mayoría, que construyeron con sudor, soledades y lejanías, esa arquitectura que ha dejado marcadas las paredes que desgajan estilos diversos. La historia se engarza en pasado y presente, en una ciudad donde viven tantos habitantes como un país completo.
 
Y claro que ahí está Gardel, Sábato, Alfonsina, Evita y tantos otros que recuerdan cuan “grato es vivir en la amistad oscura de un zaguán, de una parra y de un aljibe” (1). Pero, también reafirman que “Buenos Aires necesita llorar lo suficiente”, porque precisa ser limpiada con sus lágrimas “esta ciudad distraída y dispersa”, como la llamó el hoy papa Francisco, en ese discurso excepcional que pronunció en 2005, cuando aún era arzobispo allí.
 
Son tantos los sitios que embrujan las miradas y los recuerdos, como Palermo, con su Rosedal; Caminito, Corriente, que inmortalizó Gardel, La Rocoletta… Mas, un aparte merece esa Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, donde lloró Sabina recordando a aquella a la que cantó: “Con la frente marchita”, y quiso enamorar “con agüita del mar Andaluz”; pero ella no quería otro amor que el del Río de la Plata.
 
La Plaza, con sus pañuelos de madres, ya abuelas, que no se dan por vencidas y buscan a sus descendientes a golpe de pecho y sollozos. Sabina lo transmite así: “Te sentaba tan bien, esa boina calada al estilo del Che. Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear, y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar y me puse a gritar: ¿Dónde estás?».
 
También inmersa en sus debates cotidianos, por sus 7. 2 millones de trabajadores de áreas urbanas sin acceso a la seguridad social; o por los más de 31. 992 homicidios cometidos entre 2002 a 2012; o por la alta cifra que la Organización Internacional del Trabajo refleja, de una informalidad laboral que alcanza la tasa del 61.6%, aunque la presidenta Cristina Fernández de Kirchner discrepa de dichos datos. Argentina es esa nación de librerías, abiertas de día y de noche, de teatros y café, como el Tortoni, donde disfrutar del néctar negro es algo más pleno: Definitivamente, cultura.
 
El Buenos Aires “querido” deja el sabor imperdonable de querer volver a esta cuna de arte, ilustración y conocimientos, de leer en sus aceras poemas y nombres que ellos, los argentinos, no han dejado morir, porque: “¡Cuántas cosas, limas, umbrales, atlas, copas, clavos, nos sirven como tácitos esclavos, ciegas y extraordinariamente sigilosas! Durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido”. (2)
 
(1) Cita de Adolfo Bioy Casares en su libro “Diario de la guerra del cerdo».
(2) Jorge Luis Borges, entrevista realizada por Sara Facio, titulada “Jorge Luis Borges en Buenos Aires”.

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