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“Las limosnas han bajado, porque ya no hay confianza”

LA VOZ DE LOS QUE NO LA TIENEN ||
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En la intersección de la Avenida Abraham Lincoln con Sarasota, Leoncio Suero Gutiérrez se integra desde su silla de ruedas al cotidiano ir y venir de transeúntes y automóviles. A unos les levanta la mano derecha, saluda y desea bendiciones. A otros, se acerca forcejeando entre la multitud de autos y conversa, mientras erige el rostro cansado y esperanzador de su deformado cuerpo, que la poliomielitis dañó cuando apenas contaba un año de nacido.
 
“Vivíamos en Villa Altagracia, éramos doce hermanos y teníamos muy pocos recursos. Cuando tuve conciencia y me vi en este estado físico, siempre acostado, no puedo decirle cómo me sentí. Mi papá me repetía que tenía que aprender a caminar como los otros niños, aunque fuera con las manos y las rodillas; pero al no tener muchas fuerzas, me caía. El me agarraba por el pechito y me obligaba a moverme, aunque fuera un poco. No pude estudiar tampoco…”.
 
-Pero, usted sabe leer, ahí veo su Biblia…
“Ese es otro de los milagros de Dios conmigo. Sin yo saber de letras, me permitió salir de mi casa en busca de otros caminos y aprender”.
 
-¿Cuándo fue eso?
“Tenía 14 años y estaba muy triste. ¿Usted se imagina lo que es un tullido, sin ninguna posibilidad en su vida, donde hasta para comer un mango tienes que esperar que alguien te lo tumbe o ver si hay alguno en el suelo  y encima arrastrarse para cogerlo?”.
 
Narra el entrevistado que vino con un hermanito a la capital, “a aprender la calle, a que yo supiera cómo buscármela. Aunque tengo que decir que mi madre América, ya fallecida, igual que mis hermanos y también mi padre, Antolín, me ayudaron y se esforzaron para que yo consiguiera una silla de ruedas; sobre todo reconozco mucho los esfuerzos de mi mamá.
 
“Empecé en las esquinas a buscarme el pan. Ahí fue que el Señor puso en mi camino a la profesora Lesvia García, quien me enseñó en unos cuatro meses lo poquito que se. Todo lo debo a Dios y a ella, pues pude aprender a leer la Biblia. Fue en ese año 1984 que conocí a Jesús Cristo como mi único salvador”.
 
-¿Fue un proceso espontáneo?
“Mire, era uno de esos días que yo estaba muy abatido, acostado en mi cama. Me sentía solo y llegaron unos amigos y me dieron unos hongos para que me sintiera mejor. Se trata de una flor que cambia el carácter…”.
 
-¿Una droga?
“Yo ni se, lo único que recuerdo es que me puse muy malo y le pedí a Dios que si me quitaba aquello lo iba a servir de por vida. Y así fue. Desde entonces predico desde donde pido limosnas y bendigo a todas las personas con las que hablo. Cuando llego a mi casa de noche, asisto al culto y oro hasta muy tarde a Dios. Me siento agradecido por todo lo que me ha ayudado; pese a ser un inválido me valgo por mí mismo”.
 
-¿Cómo logra valerse por sí mismo? ¿Dónde vive?
“En el Manguito, aquí en la capital. Estoy alquilado, y pago RD$2.500 con lo que me dan en esta esquina a diario. También debo pagar 50 pesos para ir y otros 50 para regresar a la persona que empuja mi silla de ruedas”.
 
-¿Por qué no trabaja, si usted tiene tantas posibilidades…?
“Eso es algo que quería que usted me preguntara. Mire, en este país hay un gran descuido y debo decirle de todos modos que no ha pasado por esta nación un Presidente tan bueno como Danilo Medina, que ha hecho un trabajo extraordinario. Me ha sorprendido en verdad, porque él se ha ocupado de lo que otros no han atendido en el país, como es la educación. Fíjese que hasta yo estaré beneficiado en un futuro, porque nuestros hijos y todos los niños del país podrán ser mejores.
 
“Pero, falta que nos atiendan a nosotros los tullidos, los que no tenemos posibilidades con las ofertas de empleos; pero podemos hacer cosas. Mire, si alguien me ofreciera un trabajo, claro que yo respondería enseguida, porque tengo mis dos manos  buenas y la mente clara a mis 54 años. Estoy dispuesto a seguir adelante si me dan alguna oportunidad, porque esta es una nación rica y si agarran a todas esas personas que andan  por las calles y les ofrecen algo que hacer, usted verá como producimos”.
 
-Pero, también hay quienes hacen de su situación un negocio…
“Bueno, hay quienes se hacen los inválidos, se doblan una pierna, las esconden, o aparentan ser ciegos. Por esa razón las limosnas de los verdaderos lisiados han bajado, porque ya no hay confianza. “Entonces, quienes mienten hacen daño, a ellos mismos y a los demás y por eso también yo estoy cogiendo esta lucha a diario”.
 
-¿Algo más?
“Quiero que esta entrevista sea testimonio a mi nación y a sus gobernantes. Les pido que tengan en cuenta a quienes como yo, somos gentes de valores, que pueden servir a su país todavía. Estoy a la espera de otros milagros. Creo en ellos y en Dios, que me cuida y me da fuerzas, en esta esquina, y donde quiera que vaya. Mi teléfono es: 829 305 2137”.

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