Meditabundo: Vivir en la verdad

Estuvimos en la lucha, la vida. Ahora navegando en el rumbo de la aceptación, oxidación, sobran soles y lunas para el danzar de las neuronas con serenidad y por qué no decirlo, con serenidad en lo acumulado, todo lo que es aprehendido por los sentidos y constituye la materia del conocimiento humano, nada perturba.
 
Concibo que el hombre de hoy no comprende que la naturaleza nos ha traído y criado como parientes, alejándonos de los mismos principios y con el destino a los mismos fines. Y, por eso lo primero es el dinero y no su otro yo. No acepta el amor mutuo, sociable, de comunidad, no solitario. No se inclina a determinar que es más de compadecer  quien hace el mal que quien lo sufre y no exige a todas las manos estar prontas a unirse, socorrer a los necesitados. Negar el egoísmo y que las cosas sean comunes. Ver a la Catedral venciendo los siglos porque las piedras se sostienen unas a otras. Ahí está la capacidad de resistencia.
 
Las debilidades dominan la voluntad por el mal comportamiento del alma al no captar las leyes de la vida y nada de sus juicios en cada cosa, se elimina la exactitud de la verdad; no existe la tranquilidad. Caen y se levantan, se balancean entre lo que repudian y lo que desean.
 
Lo justo y honesto se vive cuando se tiene al amigo en la misma consideración que se tiene a sí mismo. Así de un enemigo puede hacerse un sincero amigo, excitar el amor de aquel que frene el odio de este.
 
Desde los diez y seis años comprendimos que la vida es lucha, trabajar para comprar libretas y lápices. Afanar de un lado a otro, momentos difíciles, duros, impulsaron a ser fuerte, resistir, unirme a los braceros portuarios, descargar un vagón con gruesos trozos del duro Guayacán. Aprendí a valerme por mí mismo, vigencia de la fuerza del que busca un mañana mejor. Esa fuerza de la necesidad me levaba a la claridad de la vida y esta a la perfección de las buenas costumbres.
 
Me he cuestionado y esos ardientes soles de penurias fueron vida razonable, lógica, entregando la tierna vida a mí mismo. Tengo sed de verla entre los jóvenes de hoy, tienen que despertar, darse con toda energía de amor, de entrega, a la vida sana, honesta, nunca claudicar, dar la espalda a su propia existencia.
 
Muchos están descontentos, no ven la meta y caen en manos de adultos perversos. Ahí se pierde todo. El adulto honesto trabaja con amor moral, es decir tejiendo la tela con hilos extraídos del corazón, como si el joven fuera a usar esa prenda.
 
El adulto está consciente de que todo lo que dice y hace debe hacerlo bien, el ejemplo a seguir, o no hacerlo en absoluto. Decir la verdad porque deben escucharla para salvarse.
El padre guiado por las buenas costumbres heredadas enseña a los hijos a obedecer para el buen vivir. El paternalismo en sí es obediencia a las leyes divinas, el único camino en la búsqueda de la realización.
 
Nuestros invitados de hoy: Voltaire. “No hay verdad que no haya sido perseguida al nacer”.
 
Platón. “Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad”.
 
Mahatma Gandhi. “Quien sigue el camino de la verdad no tropieza. La mentira destruye el alma, la verdad la fortalece. Quien sigue la verdad a toda costa tiene que estar siempre dispuesto a morir por ella y, cuando llega el momento, tendrá que entregar la vida. La belleza no está en la apariencia si no únicamente en la verdad”. Juan 8-32. Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libre.
 
El autor es vicealmirante retirado de Armada Dominicana.

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