¿Nuevo destino para Haití?

Tras los conteos de unas elecciones largas y pesadas, los resultados pudieron conocerse al fin  y la avecina Haití, cercana no sólo en geografía y frontera, tiene un nuevo presidente: Michel Martelly, electo con el 67% de los votos, según las informaciones.

Durante días, las aguas oscuras de la realidad haitiana dejó de reflejar las víctimas del cólera que sigue cobrando vidas y se acallaron  un tanto las voces, tras 25 años de exilio, de Jean-Claude  “Baby Doc Duvalier” y  de Jean  Bertrand Aristide, tras siete años de ausencia.

Grandes desafíos tiene ante sí el nuevo gobierno haitiano, en un país donde nada se ha concluido y ni siquiera puede emplearse la palabra “optimismo” para definir algunos de los pasos inmediatos.

A la ayuda humanitaria y los recursos donados por la Unión Europea (UE), y otras naciones, entre ellas, incondicionalmente República Dominicana, la reconstrucción es lenta y aún miles de damnificados viven en campamentos, regiones y poblaciones fronterizas.

Ayudas, proyectos, cumbres, citas, planes, acuerdos y todo cuanto ha tenido que ver con la recuperación haitiana, ha enfrentado grandes abismos, que no son sólo consecuencia del terremoto ocurrido el pasado 12 de enero. De manera que la nueva presidencia asume esta realidad y habrá que esperar resultados, que no dependen absolutamente de su dirección política, sino de las muchas cabezas de esa dolida serpiente caribeña.

El tema migratorio sigue siendo calificada en el mundo como “viejo y sin soluciones radicales o legislativas”, por denominarlo con términos contemporáneos. Tampoco ha existido una disposición coherente de los distintos gobiernos para su solución. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, reconoció que la crisis de Haití no se solucionaba de forma espontánea y aseguró: “estamos trabajando en un programa para una nueva etapa en Haití”.

Sin embargo, por su vecindad e historia, corresponde a la República Dominicana el enfrentamiento a la recepción del flujo migratorio, agudizado desde los inicios del siglo XX, para el cual está incapacitada, debido a sus limitadas condiciones sociales. Aún cuando las grandes potencias reconocen su responsabilidad mayor en el caso haitiano, las experiencias indican que nadan fuera de las aguas turbulentas. Ojalá voluntad y compromisos den resultados y el futuro implique soluciones que hasta el momento no aparecen por sitio alguno de la geografía domínico- haitiana.

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