Quizás son más antiguas que la historia misma. Pero, teniendo en cuenta la dureza de los actos, lo pavoroso de sus consecuencias para la víctima y sus familiares, el desarrollo social intentó sepultar las más atroces modalidades de violencia y terrorismo, pero…
Los secuestros se reseñan a través de los tiempos como fenómeno, modalidad de delito, o producto de la época moderna, con vigencia desde los tiempos primitivos. Se habla, por ejemplo de raptos de princesas, héroes, etc. A veces, en nombre del amor; pero, las más, lamentablemente, con el propósito de obtener recompensas, sobre todo dinero.
También hubo momentos en que el secuestro fijó condiciones de guerra y ni hablar de la piratería, cuando "llegó a su apogeo y se consolidó como sistema económico”.
Más acá, las formas de secuestros se han consolidado en el orbe y lamentablemente, América Latina sufre sus más violentas e impulsivas expresiones, todo lo cual ha generado una ola de constantes protestas en nuestros pueblos, debido a que, cada vez más, los secuestradores se vuelven menos selectivos y siembran temor y terror en toda la sociedad.
La República Dominicana se sacude y estremece ante las noticias cotidianas que hablan de nuevas formas de violencia ciudadana en aumento y de una industria que deja beneficios a sus ejecutores por RD$36.9 millones aproximadamente, desde 2006 hasta la fecha, según refiere el colega Adonis Santiago Díaz, quien reseña la manera en que los secuestradores lucran con las ganancias de una modalidad que no tiene en cuenta si las víctimas son apenas niñas o niños, cuyo daño psicológico, sin hablar de las otras secuelas, son en verdad inenarrables.
Aunque el secretario de Interior y policía, Franklin Almeyda, niegue que los secuestros en el país se acerquen siquiera a la realidad colombiana, de México o Venezuela, lo cierto es que no se han cumplido sus frases de: “acabar muy pronto con los casos de secuestros”.
En días pasados, una pequeña fue dejada en el parqueo del Mercado La Cadena, de la Sarasota. Inverosímil que en plena avenida, en un sitio de tanto ir y venir, los captores de la niña ejecutaran tal acción.
De igual que sean pequeños, ancianos, mujeres, hombres…La ola de secuestros sigue elevando su cresta con mucha fuerza y la violencia es parte del día a día.
Ahora, además, “robar” los cabellos a las mujeres que los llevan largos resulta otra amenaza que mantiene a las féminas en vilo…
La pregunta es, ¿podremos respirar profundo algún día? ¿O es que debemos esperar 2009 con pestillos pasados tras las puertas y con el temor hasta de asomarnos para ver el cielo y sus luces?




