Andar por las calles de esta hermosa nación resulta un peligro cierto; pero, a pesar de todo, las personas intentan creer que “algo existe más allá del absurdo”, y podrán estar preservados.
¿Qué está pasando con la tradición de ser la sociedad dominicana, como así es, hospitalaria, benefactora, alegre, solícita, solidaria, amiga, confiable…?
El caso es que la Ciudad Colonial, reforzada por más de un centenar de policías de Turismo, tiene en su contra un creciente bandolerismo que parece no detenerlo nada, ni nadie.
Entre muchos relatos tristes y difíciles de contar, acerca de lo que acontece en esta zona de la capital dominicana, que además de hermosa e histórica, representa una plaza de gran valor como destino turístico, está el de un matrimonio español que por segunda ocasión visita el país para adoptar a otro de sus hijos.
Como el período de adopción se ha dilatado en demasía, mientras esperan la posibilidad de viajar a España y reanudar su trabajo, estudios y vida en general, permanecen hospedados en la Zona Colonial, donde tuvo lugar recientemente un asalto que les dejó sin visas, ni documentos.
El malhechor se le acercó en una moto y, a pesar del forcejeo de la madre, arrancó sin pudor el bolso de su hombro, mientras ella amparaba a su bebé en el cochecito, con el temor de que pudieran causarle algún daño.
No hay que describir la angustia y, encima, la situación de impotencia y desaliento que acompaña a esta familia, ahora sin papeles para poder marchar a su tierra cuanto antes.
Tampoco hay que mencionar la huella de inseguridad e inestabilidad que dejan actos de este tipo en cualquier ser humano.
La Ciudad Coloniales parte de este contexto de violencia que arruina las vidas de las familias dominicanas y de quienes visitan el país, ya sea para disfrutar de la calidez de su tierra, o para adoptar niños y niñas, como es el caso.
Las noticias se suceden una tras otra. Los barrios seguros dejaron de serlo hace tiempo. Hay desconfianza en general y algo importante y radical tiene que ocurrir para que quienes delinquen, matan, asaltan y hacen que se pierda el ritmo de la convivencia en paz y armonía, desaparezcan en condenas que les impidan llevar a cabo tales fechorías.
La República Dominicananecesita paz y erradicar esa violencia ciudadana que nos corroe y estrangula desde adentro. No, no merece una nación así que delincuentes sin escrúpulos manchen su nombre e historia.




