Los legisladores y sus abortos

La prensa aquí sigue teniendo el inconveniente de que no liga las opiniones de los políticos, de nuestros actores públicos, a sus vidas diarias. Ese es el único método que sirve para encontrar las razones por la cual los seres humanos se aferran a determinadas posiciones.

La prensa norteamericana, con el New York Time y el Washington Post a la cabeza, tan pronto un político emite una opinión sobre un tema determinado y ese tema se convierte en centro de debate nacional, investigan la vida del político, buscan hasta encontrar los motivos que justifican su quehacer.

Por ejemplo, en los años 90, New Gingrich a la cabeza del liderazgo republicano lanzó una despiadada campaña contra los males de la sociedad, concentrado sobre todo, en los homosexuales y las lesbianas, a los que calificó como descendencia degenerada del diablo. El pueblo norteamericano creyó en sus profecías y le dieron una mayoría en el Senado y en la Cámara de Representante, New Gingrich quedó como el presidente y uno de los líderes norteamericanos más visionario, quedó como el hombre que restauraba en la sociedad norteamericana los valores familiares.

Pero, ¿qué pasaba realmente en la vida de New Gingrich? La prensa buscó y encontró que su gran desgracia familiar estaba en que su hermana era lesbiana; más aun: las relaciones de la esposa de New Gingrich y su hermana eran tan íntimas que se empezó a sospechar que el verdadero marido de ella era la hermana de New Gingrich, no el líder conservador que prometía acabar con esa plaga.

La prensa reveló el hecho, la hermana de New Gingrich no estaba dispuesta a callarse las razones por la cual su hermano los odiaba tanto. New Gingrich perdió la batalla, tuvo que renunciar al liderazgo republicano, renunciar a la presidencia de la cámara de representantes y divorciarse de su esposa. La prensa aquí tiene que aprender que todo es personal.

Y si van a las comunidades donde nuestros legisladores se desempeñan, encontraran que la gran mayoría, exceptuando aquellos que son homosexuales, ha sido protagonista de más de un aborto. La semana pasada me reveló un amigo periodista que él conoce a un senador, ferviente defensor del artículo 30, que tiene dos abortos en su record; uno de ellos, por oposición de la madre, no pudo materializarlo. Se supo porque una de las muchachas víctima de su patriarcado, no pudo soportar los dolores de su propia conciencia y fue a confesarse. Al enterarse la iglesia del hecho, incluyó al legislador como uno de sus principales voceros y el hombre aparece allí como el representante genuino de la divina comedia. Pero, ni la prensa nacional ni la prensa local revelan estos hechos, no acaban de entender que lo personal es más importante que ninguna otra cosa.

Por ejemplo, ¿qué explica la posición de Vargas Maldonado sobre este tema? Debemos partir del hecho, para encontrar las razones, de que Vargas Mal donado no tiene padre. Fue en la campaña electoral pasada cuando se hizo un desagradable show con la familia de un empresario vegano para bautizarlo como ligado a la misma. ¿Fue víctima la madre de Vargas Mal donado de presión para que saliera del niño? ¿Tuvo que huir? ¿Le contó a su hijo sus penurias? ¿Cuánto de nuestros políticos están en la misma situación y son chantajeados por la diabólica inquisición? Lo que si está claro es que el dolor de Vargas Mal donado en este punto es tan grande que ha invertido todo lo necesario para que el glorioso Partido Revolucionario Dominicano, el partido que formó la más grande confederación de mujeres de Latinoamérica, el partido que tiene las mujeres que representan ante los demás mundos la socialdemocracia, acordaran defender el artículo patrocinado por la diabólica inquisición. Todo cuanto falta es que Vargas Mal donado convenza a las mujeres socialdemócratas para que como dice, Minu Mirabal, se desnuden y vayan a la catedral para ser dilapidadas, azotadas como perras rabiosas.

En un trabajo anterior revelé que cuando se estudia la composición de ese ejército organizado por la Diabólica Inquisición, esa estructura opresora que quiere aplastar toda la santa capacidad de decisión con que las mujeres fueron dotadas, se encuentra que está compuesto por tres bloques:

1-Las monjas violadas por sacerdotes, cardenales y obispos, a las que se les obligó a practicarse el aborto y las que no quieren que ninguna otra mujer del mundo pase por semejante experiencia.

2-Los hombres que cuando niños fueron violados por sacerdotes, cardenales y obispos. Sólo en el Estado de Massachussets, en los Estados Unidos, violaron más de 40 mil indefensos y el Cardenal Law, el jefe de ellos, como premio a su santa devoción, el actual Santo Papa lo nombró jefe de la segunda iglesia más poderosa del mundo, se lo llevó para Roma: lo hizo intocable.

3-Los sacerdotes, cardenales y obispos que embarazan mujeres, preferiblemente casadas, y que lo hacen para tener hijos y gozar negando su paternidad.

Y se ha creado también una teoría de doble aplicación para mantener la impunidad del bochornoso hecho: cuando le hablan a los niños, las niñas y las monjas para que acepten la violación como un hecho del destino, como la santa misión encomendada por Dios, le dicen que “ese acto y ese encuentro es divino porque Dios, El Todopodero, todo lo planifica, que el amor dado por Dios es incondicional, que su práctica sexual es un encuentro con la divinidad…” Pero, cuando los afectados no soportan más las atrocidades y las revelan y las denuncian, entonces cambian el argumento y usan uno tan bueno como el anterior, dicen: “Fuimos tentados por el espíritu malo, el Diablo se apoderó de nosotros y no pudimos controlar las fuerzas del mal…”. Y con ese jueguito tienen miles de años: Dios, para justificar el abuso en la obtención del placer, el Diablo para cargar con las penas y las blasfemias.

Ahí está su bloque, compuesto por tres grupos degeneradamente creados y una teoría que se repite como si fuese la saliva del Sol. Esta batalla contra el artículo 30 no se puede ganar si no se revelan las razones personales que justifican la actitud de los actuantes, si no se revela que son víctimas de un pasado que los azota como si fuesen esclavos que han perdido todas las fuerzas. La República Dominicana no ha tenido un movimiento de testigos. Nuestro pueblo, víctima de tantas violaciones, no tiene aún a alguien que tenga el coraje de revelar lo que le han hecho.

Si algo bueno tiene el artículo 30, es que brinda esa oportunidad. Nuestros políticos, que habiendo sido monaguillos y que fueron salvajemente violados y que ahora son víctimas de ese pasado y controlado por ese pasado, deben hablar. Nuestras mujeres, que han sido obligadas por nuestros políticos a practicarse un aborto y que ahora son víctimas de ese pasado y controladas por ese pasado, deben hablar. Nuestra prensa, que ha sido víctima del miedo, de las violaciones, debe empezar a juzgar a nuestros actores públicos por esa realidad que lo persigue como gato al ratón.

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