Siguen siendo estos tiempos difíciles. Aún persisten los silencios innecesarios y retrasos en los depósitos de lo que debe ser prioridad en una sociedad donde el crimen organizado se abre paso a toda velocidad.
Francesco Forgione, especialista italiano en el tema y autor del libro Ndrangheta. La mafia menos conocida y más peligrosa del planeta, propone: “Revelarnos ante el poder del narcotráfico. Esta es una lucha de libertad”.
En la sociedad mexicana se habla sin cesar de la guerra de las drogas y el cambio semántico del término, dado por el presidente Felipe Calderón: acerca de que su lucha no es sólo contra el narcotráfico, sino una lucha contra el crimen organizado que afecta a todos los sectores del país.
Igual discurso se abre paso en República Dominicana, donde se lucha, pero no se consiguen los éxitos esperados. La estrategia mexicana ante el crimen organizado exhorta a una campaña permanente de prevención del consumo, pero sobre todo con una campaña de rehabilitación para quienes consumen. Todo esto se aplica aquí también.
Se requiere una política de Estado. La corrupción, allá y acá es caldo de cultivo que fortalece las redes del narcotráfico. Nuevas tácticas hay que agregar a la estrategia en esta batalla que ha ocupado tantos espacios de la vida pública.
La Dirección de Control de Drogas (DNCD), ha definido como ineficaz el Código Procesal Penal y considera necesario modificar la legislación y la Ley 50-88, que resulta “una herramienta poco útil e ineficaz en la lucha contra el crimen organizado”, tal y como aseveró en una ocasión el mayor general Rolando Rosado Mateo, presidente de dicha institución en el país.
¿Cómo entender el fenómeno criminal que en los tiempos actuales no admite fronteras? No se salva nadie, dicen los especialistas: México, Colombia, EE UU, la República Dominicana, son escenarios de continuos hechos delictivos involucrados con el narcotráfico.
El tráfico de drogas se integra a un contorno económico, político, social, de prensa y hasta en la dimensión política internacional que propalan los propios sistemas de valores mafiosos.
Vale la pena detenerse y diferenciar “los hechos de delincuencia común y de criminalidad organizada”. Se habla de “los cuartos que necesita la Dirección Nacional de Control de Drogas” y que también está afectando la prevención, porque el Consejo Nacional de Drogas no recibe lo necesario para este combate, según han afirmado sus directivos.
¿Podrá la República Dominicana liberarse alguna vez de este flagelo?




