Cuando la vía del diálogo es la receta para los actores del Sistema de Justicia

La sociedad viene siendo testigo de los devaneos que en los actuales momentos tensan la relación entre los principales actores del sistema de justicia. La opinión del Procurador General de la República  que deja entre dicho la labor de los jueces de la suprema Corte, y la respuesta de la satisfacción de la labor de los Jueces que ha vertido el Dr. Mariano Germán Mejía Presidente de la Suprema Corte, no es el primero de los desmanes, dimes y diretes entre dos entes con responsabilidades de Estado a los cuales parece quedarle un poco pesado la borla que exhiben según sus altas funciones.
 
Este país necesita señales de paz, necesita señales de institucionalidad, acciones que demandan de un liderazgo y transcendencia superior a lo que hoy se exhibe, es por ello que debemos nosotros miembros de la comunidad jurídica estimular que las aguas vuelvan a su cauce.
 
Comprendo que para muchos resulte difícil defender un Sistema que en su interior guarda los elementos más perversos en contra de su buen funcionamiento, pero son estas las situaciones que obligan a que empecemos a motivar el diálogo para que sea una realidad, y queda ahí el llamado a responsabilidad de todos/as los auxiliares del sistema de justicia desde el más encumbrado Magistrado, Procurador, Abogado, Colegio de Abogados, Notarios, Asociaciones o Gremios de Servidores del Sistema de Justicia, en definitiva. El encuentro y el diálogo constructivo debemos estimularlo todos/as haciendo que el Poder Judicial, Procuraduría General de la República y sus dependencias, busquen la forma de manejarse como un sistema, porque lo cierto es que cuando en los sistemas se generan ruidos o cada pieza anda por su lado,  poco va quedando de lo que es un sistema.
 
Ya es sabido que la mujer del César no solo debe ser seria, pues a veces es más importante  por su misión lo que parezca por lo que se dice de ella. No olvidemos la importancia coactiva en términos de prevención de conductas delictivas que genera un sistema de justicia que envía mensajes de efectividad en persecución y castigo del crimen.
 
Es una pena que al día de hoy, el sistema de justicia se parezca a un famoso programa de radio,  donde todos hablan a la vez y nada se entiende, todos tienen una razón y la razón no impera, donde todos llaman al orden formando un soberano desorden. Apelo a que el Ruido no sea la regla, sino la excepción.
 
No es justo que desde el propio sistema se prenda la tea de la discordia, más oportuno apagarla por medio del diálogo fructífero, y es que no hay democracia verdadera en términos modernos, allí donde no existe un sistema de justicia fuerte. Pero tampoco hay sistema de justicia fuerte, allí donde los magistrados pierden el foco de que la justicia tiene entre sus funciones una variable social e institucional que permite elevar al grado de civilidad de los intereses y el buen vivir de una sociedad.
 
De manera que no puede el Juez, vivir de espaldas a la sociedad, pues de su realidad  se robustece el Sistema, es ahí donde emanan los matices que acrisolan sus técnicas  para la interpretación, ponderación, etc., en definitiva armonizar los intereses que se generan en una sociedad, es una labor tan pura que no se puede realizar con arrogancia, con desdén y sin dar respuestas a la sociedad.
 
Entiendo que más allá de la sentencia como instrumento de decisión, cuando hay crisis de legitimidad  las sociedades merecen de los Magistrados mensajes que busquen prevenir el leviatán judicial. Ningún juez, Procurador o abogado en términos personales es Imprescindible para esta sociedad, ahora esta sociedad si es imprescindible para ellos en todos los términos. El diálogo es la receta.

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