Meditabundo: ¡oh ricos! Que pobres son

Leyendo declaraciones de patrimonio de funcionarios nombrados por decreto y elegidos por el voto me detuve meditabundo. Un llamado de las inquietas  neuronas nos recuerdan: la lectura en la Biblioteca del ingeniero Don Félix Benítez Rexach, Villa Baggatelle, Canes, Francia, 1953. Los nueve libros de la historia. Heródoto. Tomo I. Solón es huésped del Rey Creso en Sardes. Creso ordena a los cortesanos mostrar a Solón las riquezas y preciosidades. El Rey se creía el más afortunado del mundo.
 
Solón conocía el lenguaje de la verdad y le dice. “La vida del hombre ¡oh Creso! Es una serie de calamidades. En el día soís un monarca poderoso y rico, a quien obedecen muchos pueblos; pero no me atrevo a daros aun ese nombre que ambicionais hasta que no sepa como habeís terminado el curso de vuestra vida. Un hombre por ser muy rico no es más feliz que otro que solo cuenta con la subsistencia diaria, si la fortuna no le concede disfrutar hasta el fin de su primera dicha. ¿Y cuántos infelices vemos entre los hombres opulentos, al paso que muchos con moderado patrimonio gozan de la felicidad?
 
El que siendo rico es infeliz en dos cosas aventaja solamente al que es feliz, pero no rico. Puede, en primer lugar, satisfacer todos sus antojos; y en segundo, tiene recursos para hacer frente a los contratiempos. Pero el otro le aventaja en muchas cosas; pues además de que su fortuna le preserva de aquellos males, disfruta de buena salud, no sabe que son trabajos, tiene hijos honrados  en quien se goza, y se halla dotado de una hermosa presencia. Si a estos se añade que termine bien su carrera, ved aquí el hombre feliz que buscaís; pero antes que uno llegue al fin, conviene suspender el juicio y no llamarle feliz, désele  entre tanto, si se quiere, el nombre de afortunado.
 
Pero es imposible que ningún mortal reúna todos estos bienes; porque así como ningún país produce cuanto necesita, abundando de unas cosas y careciendo de otras, y teniéndose por mejor aquel que da más de su cosecha, del mismo modo no hay hombre alguno que de todo lo bueno se halle previsto; y cualquiera que constantemente hubiere reunido mayor parte de aquellos bienes, si después lograse una muerte placida y agradable, este, señor, es para mí quien merece con justicia el nombre de dichoso. En suma, es menester contar siempre con el fin, pues hemos visto frecuentemente desmoronarse la fortuna de los hombres a quienes Dios había ensalzado más”.
 
Este discurso sin mescla de adulación, ni de cortesanos miramientos, desagradó a Creso, el cual despidió a Solón, teniéndole por un ignorante que, si hacer caso de los bienes presentes, fijaba la felicidad en el término de las cosas.
 
Nuestros invitados de hoy: Gandhi. “La riqueza, la fama, etcétera, carecen de valor, pero estamos dispuestos a sacrificarlos todos por obtenerlas.-Resulta extraño que pongamos tanto empeño en las cosas exteriores y no nos preocupemos de las interiores.-Quién piensa de acuerdo con la categorías “tuyo” y “mío” no puede estar libre de dependencias y ataduras.-La verdadera alegría está en la renuncia.-
Cicerón: “De ningún bien se goza en la posesión, sin un compañero”.
 
Graucho Mark. “El secreto de toda vida bien vivida es la honestidad”.
 
Albert Einstein. “Solo una vida dedicada a los demás merece ser vivida”. Consérvense bueno.
 
El autor es vicealmirante retirado de la Armada Dominica

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