¿De dónde entonces serán?

La emigración es humana, trascendental. Todo proceso político social, económico ha tenido grandes migraciones y estas han conformado estados que han dispuesto lo que es hoy la civilización humana. La región es parte de esta tendencia, ningún país es excepción. Nuestras islas han estado constituidas por presencias migratorias que han conformado la cultura que se ostenta.
 
Ese ir y venir es parte consustancial de la historia de la humanidad, porque cada historia individual del emigrante conforma la vida nacional. Un texto rubricado por Laura Gómez Urquijo, de la Cátedra UNESCO de Formación de Recursos Humanos para América Latina, plantea que “en el actual debate sobre la crisis financiera y sus consecuencias para los países menos desarrollados, la migración aparece en todos los análisis como un elemento clave, tanto por las posibles restricciones a la movilidad que plantea el incremento del desempleo como por la reducción de las remesas y sus graves consecuencias en las sociedades de origen”.
 
Urquijo la cataloga como “un necesario y poderoso instrumento de reparto de recursos y riquezas”, y en el caso del Estado dominicano, como parte de los pertenecientes al denominado Tercer Mundo o países en vías de desarrollo, las erróneas cifras estadísticas obligaron a la Dirección General de Migración, en coordinación con las demás instituciones afines, buscar un sistema de control “migratorio ágil y respetuoso de los derechos ciudadanos, que garantice un servicio acorde con las normas nacionales y convenciones internacionales, salvaguardando el interés, la seguridad y la soberanía nacional”, a fin de poder determinar y regular la permanencia de extranjeros en el territorio nacional.
 
Las leyes impuestas implican la vigilancia y control, admisión, estadía temporal y retorno a su país de origen, de jornaleros y sus familiares que ingresen  para realizar labores agrícolas, etc; sin embargo, para nadie es un secreto cuanto se ha violado este renglón, y la manera en que, pese al alto índice de desempleo existente aquí, la pobreza y el hambre aun por solucionar, las fuerzas de trabajo en labores específicas han sido sobre todo haitianas, quienes pese a recibir un salario paupérrimo, lo han preferido frente a la terrible situación de su país.
 
Ahora mismo, hasta el propio embajador de Haití en Santo Domingo, Daniel Supplice, expresa con pesar a un equipo de Le Nouvelliste en sus oficinas de Santo Domingo, que no están en  capacidad de identificar a sus ciudadanos en su propio país, “por lo que no veo cómo lo hubiéramos podido hacer en el exterior”, y confiesa su responsabilidad por lo que está aconteciendo con los cientos de emigrantes que ahora mismo no son de aquí, no son de allá y… ¿de dónde entonces serán?

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