Barrick, rockash ¿Qué más…?

Aquella vez fueron basuras o desechos transportados en barcazas desde Puerto Rico hasta las comunidades costeras de Manzanillo y Samaná, en el noroeste y nordeste del país.
 
Se trataba, en ese caso, de cenizas de carbón usado para procesar energía eléctrica, con una mezcla de arena y agua, la cual consideraron  los especialistas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y la Academia de Ciencias del país, como “rockash”, calificada, además, como  peligrosa para el ser humano, “ por la presencia de arsénico, cadmio, berilio y vanadio, muy por encima de los niveles establecidos por los estándares internacionales».
 
Ahora (y desde hace tiempo), se trata  de la empresa de capital canadiense Barrick Gold  que firmó un contrato considerado por expertos como lesivo para la República Dominicana, mediante el cual podrá explotar la mina de oro de Pueblo Viejo, entre las provincias Sánchez Ramírez y Monseñor Nouel.
 
Los incumplimientos legales de la Barrick Gold son harto conocidas y no han valido las protestas a través de los medios de comunicación,  las expresiones de las  juntas.
 
de vecinos opuestas al proyecto, excluidos de información sobre el manejo de la empresa con los pasivos ambientales que se producirán durante la explotación de los minerales. Tampoco se ha escuchado la voz popular. Como en los tiempos del rockash, puede repetirse la máxima de que a nadie se le ocurriría echar la basura de su casa en la ajena; menos aún, si la inmundicia  contiene deshechos tóxicos  que afecten a los ciudadanos y violen sus leyes de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
 
¿Por qué deben empresarios foráneos  de la Barrick Gold, adueñarse de los minerales de una parte sensible del territorio nacional  dominicano y, encima, contar para ello con el apoyo de quienes debían despacharles a sus países para que lo intentaran allá? ¿Cuántos elementos pueden subyacer en propósitos como estos?
 
Los comentarios son más que acertados: “El NO a la Barrick… debe de llegar a todos los sectores de la República Dominicana, como un asunto de vida o muerte”. Estas líneas avalan tal decisión.

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