El titular no puede ser más preocupante: “La volatilidad de los precios agrícolas y alimentos divide al G20”, que son, hoy por hoy, los países más desarrollados del planeta y la causa principal de las divisiones están basadas, nada más y nada menos que en las medidas para hacer frente a la volatilidad de los precios de los productos agrícolas.
Se plante que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), han abogado por una mayor transparencia “sobre el estado de los stocks mundiales, el nivel de la producción de los productos agrícolas de base como el trigo, el maíz o el arroz, o el estado de las cosechas de los grandes países productores y consumidores”.
Aunque Francia puso en la agenda del G20 la organización y reglamentación de los mercados de materias primas agrícolas y abogan por reglas estrictas que regulen las transacciones, Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Brasil “son reticentes y estiman que tales medidas obstaculizarían el funcionamiento de los mercados, sobre todo cuando la FAO y la OCDE infravaloran el papel de la especulación en la volatilidad de los precios”.
Según informe conjunto de la OCDE-FAO, se estima que para 2020, el 13% de la producción mundial de cereales secundarios, el 15% de la producción de aceites vegetales y el 30% de la producción de caña de azúcar se consagrarán a la producción de biocarburantes. Si se tiene en cuenta que Brasil y Estados Unidos, dos grandes productores no están muy de acuerdo con renunciar a su protagonismo, pues todo quedaría en meras propuestas que no acaban de ser solucionadas.
Y mientras tanto, los países pobres, donde viven 927 millones de personas con hambre, según la FAO siguen viendo subir los precios y discrepar entre sí a quienes podrían tener soluciones…




