Loma Romero: el oro no vale más que el agua

Por: Héctor Ferrera

En San Juan de la Maguana se está tomando una decisión que no pertenece únicamente a esa provincia. Lo que hoy se discute en Loma Romero tiene un alcance que trasciende lo local y se proyecta a toda la región Sur. No es un simple debate sobre minería ni una discusión limitada a la inversión extranjera. Es un tema que impacta el agua, la producción agrícola y ganadera, la estabilidad ambiental y la vida de toda la región.

El Sur vive del agua. De ella depende la agricultura, el sustento de miles de familias y el equilibrio de comunidades enteras. En ese sistema, la Presa de Sabaneta desempeña un papel fundamental, no actúa de forma aislada. Aguas abajo, la Presa de Monte Grande y el sistema del río Yaque del Sur completan una red hídrica esencial, a la que se suma el río San Juan como eje vital de la producción agrícola de la provincia.

Lo que ocurre en la montaña no se queda en la montaña. Desciende por los ríos, alimenta las presas y termina impactando directamente los campos y los hogares. Por eso, intervenir una zona sensible como Loma Romero no es una decisión puntual. Es una determinación que puede afectar a todo el sistema hídrico del Sur.

Loma Romero no es un terreno vacío. Es un espacio que forma parte del equilibrio natural de la región. Allí se generan procesos que permiten la captación, regulación y distribución del agua. Alterar ese entorno implica más que modificar el paisaje. Significa intervenir en el origen de un recurso que sostiene la vida.

Se habla de minería moderna, de tecnología avanzada y de controles ambientales. Sin embargo, la experiencia en distintos países demuestra que los riesgos no desaparecen. La alteración del suelo, el impacto sobre los acuíferos y el manejo de residuos siguen siendo factores sensibles. La pregunta no es si la minería puede hacerse mejor que antes. La pregunta es si debe hacerse en una zona donde el agua es un recurso estratégico.

El argumento económico plantea la generación de empleos, la dinamización de la economía y la llegada de inversiones. Pero esos beneficios, en la mayoría de los casos, son temporales. En cambio, los efectos sobre el medio ambiente pueden ser duraderos y, en algunos casos, irreversibles.

San Juan y el Sur tienen una vocación clara. Su base es la producción agrícola, y esa producción depende del agua. No se trata de un modelo hipotético. Es una realidad que hoy sostiene la economía de miles de familias.

Este no es un debate entre progreso y atraso. Es una discusión sobre el tipo de desarrollo que se quiere. Un modelo extractivo, de resultados inmediatos, o un modelo sostenible que garantice estabilidad en el tiempo.

Las decisiones ambientales no admiten errores. Cuando se afecta una cuenca hidrográfica, las consecuencias no se limitan a un punto geográfico. Se extienden, se multiplican y afectan a toda la cadena productiva. En este caso, se trata de un sistema que conecta Loma Romero con los ríos San Juan y Yaque del Sur, y las presas de Sabaneta y Monte Grande.

San Juan está ante una decisión que marcará no solo su presente, sino el destino de toda la región. El oro puede representar una riqueza momentánea. El agua, en cambio, representa la vida misma.

Defender a Loma Romero no es oponerse al desarrollo. Es asumir una postura responsable frente al futuro. Porque proteger el agua es proteger la agricultura, la economía y la estabilidad de todo el Sur.

Cuando se pierde el agua, no hay riqueza que pueda reemplazarla.

Compartir esta publicación:

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Pinterest

Loma Romero: el oro no vale más que el agua