Washington.– El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, elevó este viernes el tono hacia los aliados europeos al reclamar mayor implicación en la crisis con Irán, especialmente en lo relativo a la seguridad del estratégico estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte mundial de petróleo y gas.
Durante una rueda de prensa en el Pentágono, Hegseth sostuvo que Washington espera contar con socios “capaces” y “leales” que respalden sus esfuerzos frente a Teherán, en un contexto de crecientes tensiones en la región del Golfo Pérsico. El funcionario subrayó que mantener abierto el estrecho es un asunto que impacta de forma más directa a Europa que a Estados Unidos.
“Europa necesita el estrecho de Ormuz mucho más que nosotros. Tal vez deberían hablar menos, organizar menos conferencias ostentosas y, en su lugar, asumir un rol más activo sobre el terreno”, afirmó, dejando claro que, a su juicio, la carga de garantizar la seguridad marítima en esa zona debería ser compartida de manera más equitativa.

El estrecho de Ormuz es considerado uno de los puntos más sensibles del comercio energético global, ya que por allí transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier interrupción o amenaza a la navegación en ese corredor tendría repercusiones inmediatas en los precios internacionales de la energía, afectando especialmente a economías europeas altamente dependientes de las importaciones de hidrocarburos.
Las declaraciones de Hegseth reflejan una creciente presión de Washington sobre sus aliados para que incrementen su participación en operaciones de seguridad y defensa, en medio de un escenario geopolítico marcado por conflictos simultáneos y una reconfiguración de las alianzas estratégicas.
Hasta el momento, líderes europeos no han respondido de forma oficial a estas declaraciones, aunque en los últimos meses la Unión Europea ha reiterado su compromiso con la estabilidad en el Golfo y la protección de las rutas marítimas internacionales.
El pronunciamiento también pone de relieve las diferencias en prioridades estratégicas entre Estados Unidos y Europa, así como el debate sobre el reparto de responsabilidades dentro de las alianzas occidentales frente a amenazas globales emergentes.




