Qué debe esperar hoy un militar de carrera?

Lo ideal es que no espere favores. Que no aspire a atajos ni a progresar en un clima de incertidumbre marcado por relaciones personales o influencias ajenas a la institución.

Un militar de carrera debe esperar reglas claras, previsibles y justas. Debe saber que su avance no dependerá de a quién conoce, sino de cómo sirve.

La historia universal lo demuestra con claridad. Los ejércitos que sustituyeron la meritocracia por el amiguismo perdieron disciplina, cohesión y respeto social.

Roma comenzó a declinar cuando las legiones dejaron de obedecer la ley y pasaron a obedecer intereses. Napoleón edificó su poder sobre el mérito; cuando ese principio se erosionó, la estructura se resquebrajó. No es una opinión: es una lección histórica.

El militar profesional debe esperar evaluaciones de desempeño que sean la brújula real de las comisiones militares, sujetas estrictamente a la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas.

Debe confiar en que la antigüedad, la integridad y la capacidad comprobada valen más que cualquier recomendación, y que quienes desconocen las interioridades del cuartel comprendan que la carrera militar no admite improvisaciones ni experimentos.

No puede ser aceptable que algunos, amparados en habilidades ajenas al servicio y al sacrificio cotidiano, se sumerjan en los submarinos de los padrinos y emerjan años después ocupando posiciones que deben ser otorgadas a quienes permanecieron concentrados en las misiones, los riesgos y la disciplina del cuartel a lo largo de toda su carrera.

La incertidumbre desgasta, desmoraliza y erosiona la vocación. Sin institucionalidad no hay predictibilidad, y sin predictibilidad no hay carrera. Nadie puede comprometerse plenamente cuando el futuro depende de decisiones opacas.

La motivación real —y esa parece ser la intención del mando actual— nace cuando el sistema es creíble, cuando el esfuerzo tiene sentido y la ley se cumple sin excepciones.

Este febrero puede ser el inicio. El punto de inflexión donde se fortalezca el respeto a la carrera militar, no con discursos, sino con hechos. Porque las instituciones virtuosas se sostienen con justicia, no con favores.

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