Tsushima: la derrota que se firma antes de combatir

Tsushima no fue una batalla. Fue una consecuencia.

Tsushima no fue una batalla. Fue una consecuencia.

En 1905, la flota rusa llegó al Pacífico agotada, mal entrenada y dirigida por mandos sin visión estratégica. Había navegado medio mundo confiando en el tamaño, en la inercia y en la idea equivocada de que el poder se mide por toneladas. Japón hizo lo contrario: esperó, se preparó y eligió el momento.

No ganó quien tenía más barcos. Ganó quien entendió el mar, el tiempo y el mando.

Homero Luis Lajara Solá

En el combate, Japón logró colocarse en una posición decisiva: frente al costado de la flota rusa. Eso, en términos simples, significó que podía emplear todo su poder de fuego, mientras el adversario solo podía responder parcialmente. No fue una maniobra brillante para la galería. Fue cálculo, paciencia y disciplina. Geometría aplicada al mando.

Pero la enseñanza real va más allá del combate. Las guerras no se pierden en el primer disparo. Se pierden antes: en la logística mal pensada, en el adiestramiento superficial, en mandos que administran rutinas, pero no piensan estratégicamente.

La flota rusa llegó derrotada antes de entrar en contacto con los buques enemigos. Japón solo ejecutó lo que ya estaba decidido.

Para cualquier oficial, la lección sigue vigente: el poder sin preparación es una ilusión; el mando sin visión es solo gestión del fracaso; la estrategia no se proclama, se construye en silencio.

Tsushima no pertenece al pasado. Pertenece a todo el que confunda ocupar un puesto con saber mandar.

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