El caso de los haitianos en República Dominicana

Por: José Luis Guzmán Martínez

Inicialmente debemos de partir de la idea de que los gobiernos haitianos y dominicanos son cómplices del desorden migratorio que hay en la República Dominicana.

Desde Duvalier hasta los gobiernos que en los últimos años han gobernado a Haití no han hecho ningún esfuerzo para proporcionarle a su población los medios mínimos para ellos poder vivir en su tierra humanamente aceptable.

Igualmente, los gobiernos que se han sucedido en la República Dominicana han sido pasivos y cómplices. De manera muy especial los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), han sido, no sólo cómplices de esta desgracia por la que estamos atravesando, ellos han contribuido constantemente a crear el desorden y a beneficiarse de este desorden.

Todos los países del mundo tienen sus leyes migratorias para manejar las oleadas de seres humanos que entran a su territorio. República Dominicana también tiene sus leyes. Pero lamentablemente el mismo gobierno las viola.

Nuestro país tiene problemas muy serios al compartir su única frontera con Haití.

Se tenían ciertas esperanzas de que para resolver el problema de esta incontenible migración haitiana el plan de regularización era el camino más rápido y más seguro para lograrlo. Sin embargo, así no ha sido. Todo lo contrario, la migración masiva de haitianos en los últimos años nos dice que el problema no es de escribir leyes. Ni siquiera que se ponga por escrito en la Constitución. El centro del problema está en que haya voluntad política para que haya una seria solución.

Lamentablemente, el plan de regularización fue tan desastroso que hace algunos días el gobierno de Danilo Medina tuvo que dar nuevas prórrogas para que los extranjeros se registren y de ese modo legalizar la presencia de miles o de millones de extranjeros.

Con frecuencia escuchamos que los haitianos son maltratados en el país. Igualmente, los organismos internacionales han protestado por el supuesto maltrato a los haitianos y por las supuestas injustas deportaciones.

Esto creo que es injusto, pues no vemos qué país del mundo ha ofrecido su apoyo para acoger a los haitianos como lo ha hecho el dominicano. Incluso, ni siquiera en medio del terremoto de enero del 2010 esos mismos países le ofrecieron su acogida a los pobres haitianos, víctimas de este fenómeno de la naturaleza. Eso explica claramente la debilidad y el vacío diplomático del estado dominicano.

Nosotros los dominicanos necesitamos a los haitianos para que nuestro país siga avanzando y desarrollándose.

Nuestra balanza comercial la debemos mejorar y por supuesto que debemos contar con Haití y su población para hacerlo.

Sin embargo, debemos exigirle con responsabilidad al gobierno dominicano que renuncie a su flojera y a su debilidad y ponga en alerta a todos los organismos responsables para que la migración haitiana se regularice.

Tengo la precepción de que si seguimos como estamos en este momento, de seguro que nuestro país se convertirá, igual que Haití, en un país fallido y con un destino confuso.

Por eso, el pueblo dominicano debe prepararse para no dejarse chantajear por ningún organismo internacional y prepararse para ofrendar su vida si es posible con tal de defender nuestra soberanía nacional.

Tenemos que pedirle a Dios que les dé sabiduría a nuestras autoridades para que apliquen las leyes y no permitan que ninguna nación nos invada.

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