La paciencia de los moradores del barrio La Esperanza, del municipio Los Alcarrizos, ubicado en Santo Domingo Oeste, ha llegado a su límite al ver las calles principales cubiertas de hierbas, hoyos, aguas negras y todo esto mientras enfrentan, además, desempleo, contaminación ambiental, delincuencia y apagones, que entre muchos problemas sociales afectan a la comunidad.
Con más de 50 años de fundado el sector, todavía las autoridades competentes no han asumido su deber de construir las calles y subsanar los males que impiden la armoniosa convivencia de los residentes en la barriada.
Con gran impotencia, el presidente de la Junta de Vecinos, Agapito Contreras, manifestó que tanto él como los demás lugareños han acudido, en reiteradas ocasiones, al Ayuntamiento para exigir al síndico Junior Santos que atienda los reclamos que les aquejan.
Producto de la contaminación de la cañada que recorre el sector, los niños y ancianos sufren constantemente de alergia en la piel y gripe, mientras que cuando llueve, las aguas negras inundan las casas y dañan las pertenencias de quienes viven cercanos al desfiladero.
En ese sentido, la señora Juana Valerio, madre de 4 niños, comentó que ya dejó de preocuparse por comprar muebles y electrodomésticos, debido a que cada vez que se desborda la cañada, observa con impotencia como se le daña todo.
A todo esto se añade la alta tasa de desempleo que vive el barrio La Esperanza, donde según sus moradores, el 95% no tienen empleo y sobreviven de lo poco que logran hacer como vendedores ambulantes.
“Aquí no existen empresas, ni fábricas que contraten a personas del barrio y cuando se busca trabajo en el Distrito Nacional la situación es peor, ya que en este país los trabajos se consiguen por relaciones o caritas”, afirmó Santa Reynoso, quien tiene más de tres años sin laborar.
Sin embargo, no solo eso perjudica a la empobrecida barriada, sino también la ola de delincuencia que azota la nación, que es vivida en carne propia en el sector, pues narran que después de las 8: 00 de la noche no se puede salir a las calles y los pocos que lo hacen, son víctimas seguras de atracos y robos.
Escuela y basura: paradoja
Pese a que la escuela primaria Jesús de Nazaret está en buenas condiciones, la piedrita en el zapato la constituye la acumulación de basura en el plantel, lo cual resulta contradictorio, debido a que frente al recinto escolar se encuentra la Junta Municipal del Ayuntamiento.
El centro educativo cuenta con una matrícula de 989 estudiantes en las tandas matutina y vespertina, quienes reciben docencia de primero hasta octavo grado.
De acuerdo a la directora Josefa Holguín, el hedor de la basura afecta el proceso de aprendizaje, debido a que los alumnos no logran concentrarse en las clases y a menudo tienen que salir a buscar aire fresco.
Ante esta situación, Holguín declaró que han expresado su inquietud al Ayuntamiento, pero todo sigue igual: indiferencia que empeora la condición del plantel, debido a que solo cuentan con dos conserjes y no dan abasto para recoger y limpiar el recinto.
Aunque las dificultades que enfrentan los residentes de La Esperanza resultan desalentadoras, los más optimistas confían en que las nuevas autoridades gubernamentales pongan sus oídos en el corazón del pueblo y solucionen de una vez los problemas que les atormentan.




