Washington – Con varios recortes severos al gasto público convertidos ya en ley, el presidente Barack Obama y los republicanos en el Congreso se negaron a admitir culpabilidad por no conseguir frenar lo que ambos partidos reconocieron es una forma insensata de eliminar $85,000 millones en gastos federales.
La aún frágil economía del país se prepara para el impacto gradual pero potencialmente grave de esos recortes generalizados, que entraron en vigor el viernes cuando Obama firmó la ley. Horas antes, el presidente y los líderes del Congreso emergieron de una reunión en la Casa Blanca sin progresos hacia un acuerdo.
Incluso cuando prometieron renovar los esfuerzos para deshacer los recortes retroactivamente, ambos partidos dijeron que la culpa por cualquier daño que esos recortes causen es completamente del otro.
No hubo indicios de que ninguna de las partes estuviese dispuesta a modificar las posiciones que durante semanas impidieron lograr progresos rumbo a un acuerdo: los republicanos negándose a aceptar más impuestos y los demócratas rechazando cualquier acuerdo que no incluya aumentos fiscales.




