Al mayor general Manuel Antonio Lachapelle Suero, ERD. In memoriam.

Mayor general Manuel Antonio Lachapelle Suero

Ese testimonio publicado en 2016 por el abogado Martín Orlando Almonte García corrobora lo que muchos percibimos de cerca sobre la personalidad y la conducta pública del mayor general Manuel Antonio Lachapelle Suero, ERD.

Tuve el honor de servir bajo su mando en la Dirección Nacional de Control de Drogas (2001-2003) y puedo dar fe de su integridad moral a prueba de todo tipo de fuego corrupto, presiones, intrigas o componendas propias de determinadas coyunturas del poder.

Fue un centurión de carácter firme, vertical en sus decisiones y profundamente leal con quienes entendía que actuaban con honestidad y sentido del deber.

Pero más allá de su condición de militar disciplinado y severo cuando las circunstancias lo exigían, admiro y nunca olvidaré la responsabilidad y solidaridad humana que tuvo conmigo en uno de los momentos más incómodo de mi carrera.

Ese pundonoroso hombre de armas, cuya memoria veneraré siempre, cuando fui colocado en retiro el 12 de marzo de 2003, le manifestó al presidente de la República que se estaba cometiendo un error perjudicando a un hombre joven, capaz, responsable, leal y honesto.

En un ambiente donde muchas veces predominan los silencios convenientes, aquella actitud tuvo para mí un enorme valor moral y humano, sobre todo porque le devolvió la paz a mi madre, que tanto sufrió en esos tiempos por las injusticias que vivió, al igual que con mi padre, el vicealmirante Luis Homero Lajara Burgos.

Hay decisiones que el tiempo termina juzgando mejor que la pasión del momento. Seis meses después de haberme colocado en retiro, el presidente rectificó su decisión y me reintegró a las Fuerzas Armadas, al comprobarse que esa injusticia —transitoria— había sido motivada por una intriga que carecía de sustento.

Aquella acción presidencial reivindicó mi honor militar y también reflejó la credibilidad y el peso moral que tenían hombres como el general Lachapelle Suero dentro de las estructuras del Estado y de las instituciones armadas.

Por eso, cuando hoy se leen testimonios como el publicado en esa reseña de 2016 titulada ¡Referente de honor!, no puedo más que corroborarlos plenamente. Porque quienes alguna vez estuvimos bajo su mando, sabemos que su principal rango no estaba en las insignias que llevaba con dignidad sobre sus hombros, sino en la autoridad moral que proyectaba con sus actos y que aún sigue gravitando en toda alma militar digna.

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Al mayor general Manuel Antonio Lachapelle Suero, ERD. In memoriam.