El verdadero desafío

Homero Luis Lajara Solá, vicealmirante (r) de la Armada Dominicana

Cuando los romanos comenzaron a desconfiar de su clase dirigente, no salieron a buscar necesariamente al mejor preparado. Buscaron a quien les ofreciera respuestas rápidas. La historia demuestra que ese momento suele repetirse cuando una generación siente que el mérito ya no basta para abrirse camino y que los privilegios pesan más que el esfuerzo.

Ese fenómeno no pertenece únicamente a la antigua Roma. Ha ocurrido una y otra vez. Cuando las expectativas no se cumplen, la sociedad busca nuevas voces. Es un proceso natural y, en muchos casos, necesario.

La República Dominicana tampoco escapa a esa realidad. Muchos jóvenes observan que, en ocasiones, la preparación parece tener menos valor que la cercanía al poder; el conocimiento menos importancia que la propaganda; la experiencia menos reconocimiento que la capacidad de hacerse visible en las redes sociales. Esa percepción alimenta el deseo de cambio.

Pero el problema nunca ha sido el cambio.

Las naciones necesitan renovarse. Cada generación tiene el derecho de ocupar los espacios que le corresponden. El verdadero desafío consiste en llegar con la preparación suficiente para desempeñar esa responsabilidad.

Gobernar un Estado no es improvisar. Exige cultura, conocimiento de la historia, comprensión de la economía, respeto por las instituciones y capacidad para tomar decisiones que afectan a millones de personas.

Hace más de tres siglos, Tartufo enseñó que las apariencias pueden conquistar aplausos, pero no sustituyen la integridad. Hoy las redes sociales multiplican ese riesgo. Nunca fue tan fácil fabricar prestigios pasajeros ni convertir la popularidad en una falsa credencial de liderazgo.

Sin embargo, ningún algoritmo reemplaza el estudio. Ninguna campaña digital sustituye la experiencia. Ninguna estrategia de mercadeo puede ocupar el lugar del carácter.

Por eso el debate no debe ser entre jóvenes y adultos. Esa es una discusión estéril. Lo verdaderamente importante es que el relevo llegue mejor preparado que quienes le precedieron.

Las próximas décadas exigirán dirigentes capaces de comprender un mundo cada vez más complejo. La tecnología será indispensable, pero también lo serán la lectura, la formación permanente y el conocimiento de las lecciones que ofrece la historia. La República Dominicana necesita un proyecto nacional donde el mérito vuelva a ser motivo de admiración; donde estudiar no sea una excepción, sino una aspiración; donde el servicio público deje de verse como un camino hacia el privilegio y vuelva a entenderse como una responsabilidad frente a la sociedad.

Al final, el futuro de un país no depende de quién hable más fuerte ni de quién acumule más seguidores. Depende de quién esté mejor preparado para servir. Duarte nunca concibió el patriotismo como un discurso para las fechas solemnes. Lo entendió como una forma de conducta, donde el deber, la honestidad y la preparación estuvieran siempre por encima de la ambición personal.

Ese sigue siendo, quizá, el mayor desafío de nuestra generación.

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