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Meditabundo: Cortos

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Las nuevas riquezas de los políticos nos recuerda a Ático, cuyo negocio se extendía en Grecia y en Italia. Sus deudores en Macedonia, Éfeso, Epiro, Delfos. Prestaba a los particulares y a las ciudades. Estimaba tanto su reputación como su fortuna, preocupaba que nadie supiera que no desatendía este generoso beneficio. Lo ocultaba en gran cuidado aun a su gran amigo Cicerón.

Todo nos indica que necesitaban para conciliar la diferencia en el PLD, PRD y PRSC, al célebre Ático cuya gran obra fue conciliar a Hortensio y Cicerón, y juntarlos amigablemente a pesar de la emulación que los tenía distanciados. Los ciudadanos se preguntaban cómo Ático se la arreglaría apaciguar esas dos vanidades irritables siempre a encolerizarse.

Vemos que ciertos personales el camino más seguro para atraérsele a los políticos es halagar su vanidad.

Hay políticos que tienen confidentes como Balbo y Teófano eran de César y Pompeyo.

Decir globalización es estar en un solar, todo se sabe. Porque no globalizar la moral con su bien internacional y local. El universo, humanidad, no guerra fría y terrorismo.

En senectud firme en mi fe. Sonara en un orto el clarín en que cada uno descubra en el ejemplo de los demás, nuevos motivos de amar y hacer el bien. Así leo en Hebreos 10.24.

Hoy los dejo con el inmenso pacifista Gandhi: “La fe es la que nos dirige a través de los océanos turbulentos”.- “No vayas allí donde suena la hipocresía, ni siquiera para averiguar lo bueno que allí pueda haber, si lo haces podrías colaborar indebidamente con el amor”.

Consérvese bueno.

El autor es vicealmirante retirado de la Armada Dominicana *

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