Tras minimizar el conflicto suscitado por la política migratoria aplicada en la República Dominicana para legalizar el estatus migratorio de los indocumentados, el presidente haitiano Michel Martelly, cambió de tono cuando en la Cumbre 36 de Jefes de Estado y de Gobierno (Caricom), celebrada en Barbados, denunció de forma enérgica la repatriación “en condiciones inhumanas” de miles de compatriotas desde que finalizó el programa el 17 junio de 2015.
Martelly pidió, además, la intervención de la comunidad internacional para obligar a República Dominicana a volver a la mesa de negociaciones para encontrar una solución a la crisis.
El silencio que mantuvo el mandatario de la vecina isla preocupaba a sus compatriotas, quienes no sentían el apoyo que necesitaban para enfrentar las dificultades que se presentaban durante el proceso.
El periódico haitiano Le Nouvelliste entiende la profundidad del asunto y en unos de sus editoriales destaca que “la crisis migratoria entre Haití y la República Dominicana, anunciada, pero todavía en ciernes, tiene orígenes antiguos. Podemos mirar el siglo XIX, el XX, como en nuestro siglo actual. Cada país, cada uno de los dos pueblos que comparten esta isla de las Antillas Mayores tienen sus razones para culpar al otro. Ambas conocen los fundamentos de su desamor o rivalidad, ya que la historia registra sangrientos enfrentamientos”.
Los haitianos critican que su presidente no le haya dado el carácter de importancia que conlleva resolver el tema de migración y que considere que sea algo que se resuelve con un simple abrazo o un acto de magia.
“Los ministros de Relaciones Exteriores y primeros ministros, durante décadas, han sido incapaces de cumplir con su deber de poner en marcha mecanismos para realizar el seguimiento, comprender, evaluar y debatir frente a frente el tema migratorio, a fin de definir nuestro curso de acción o el destino de la isla”, precisa la voz editorial de uno de los principales periódicos haitianos.
Recuerdan que en pleno siglo XXI, como en 1937 o en 1820, Haití no es capaz todavía de identificar a sus ciudadanos ni proporcionarles certificados de nacimiento, cédula de identidad o pasaporte. “Descuido que cada haitiano instalado en la República Dominicana va a pagar muy caro en los próximos meses y años, cuando requiera solicitarlos urgente. Michel Martelly aún tiene una oportunidad de traer un elemento moderno en la vida de los haitianos antes de dejar el poder: poner a disposición los documentos de identidad y documentos de viaje. Este es el ABC del comienzo del Estado”, afirma de manera categórica el medio de comunicación.
Los haitianos entienden que es una debilidad de su sistema de registro civil que no cuenten con una tarjeta de documentación que les permita legalizar su estatus en otro país, por lo que emplazan a los actuales ministros de Interior (pasaporte), Justicia (tarjeta de identificación) y Comunicación (nacimiento) a poner sus cargos a disposición si no son capaces de otorgar algo tan imprescindible.
La crítica hacia las autoridades haitianas por parte de sus conciudadanos se recrudece cuando los medios resaltan que hace años que «la indecencia de nuestra política exterior y la pequeñez de los medios puestos en marcha para determinar las deficiencias graves y solventarla de la cabeza a los pies, ha sido incapaz defender los intereses de Haití contra el ogro de Dominicana”.
No obstante, son conscientes de que pese a todo, existen momentos inolvidables de confraternización de los dos estados y por lo tanto, entienden que están llamados a aprender más. “Por ahora, lo que nos falta son los líderes a la altura de la situación. En este lado de la isla podemos deplorar las acciones de los dominicanos nacionalistas extremistas que se ingenian para verter aceite sobre el fuego y bloquear las ruedas de un perfecto entendimiento ¨entre las dos alas del mismo pájaro¨» expresa el diario Le Nouvelliste.
Enfatiza el editorial que el pueblo de Haití reconoce que “aunque algunos dominicanos tratan con apasionamiento y falta de empatía la situación de los indocumentados, también celebra que la gran mayoría desea que las vecinas naciones vivan en armonía”.
Evidentemente, los haitianos están de acuerdo en que la causa por la cual gran parte de los inmigrantes no pudo legalizar sus estatus, se debió a que su gobierno no facilitó a tiempo una documentación que le permitiera asentarse en el registro civil dominicano.




