Los miembros del “Partido de la Liberación Dominicana” (PLD), desde su fundación en la década de los años setenta, siempre se vendieron como individuos que estaban por encima del dominicano en general. Ellos los peledeístas, los más honrados, serios, puros y sobre todo “los mejores administradores del las empresas del Estado”, nunca se proyectaron como personas humildes, tampoco dieron muestra de amor, ni compasión por este pueblo.
Estos “santos” del PLD llegaron al poder en el 96u bajo la bandera del doctor Joaquín Balaguer, al cual traicionaron antes de los dos años. Su nuevo líder (Leonel), tomó el batón de mando del sector más poderosos y atrasado de la política dominicana, reemplazando al viejo caudillo y creando la base para la división del partido colorao.
En esos primero 4 años de gobierno, Leonel y su grupo crearon las condiciones para su regreso, se regalaron las principales empresas del Estado, incluyendo la FPL. El equipo del presidente, encabezado por el hoy senador Felix Bautista se llenaron los bolsillos y Leonel traspaso fondos de la DEA dominicana, de algunos ministerios y de diferentes instituciones del gobierno para la fundación que pasó a dirigir cuando abandono la presidencia.
Conocidos desde entonces como los come solos, porque mientras devoraban la economía del país no crearon ni generaron leyes ni incentivos en beneficio de los dominicanos. Usaron el poder para su enriquecimiento, para conspirar y destruir los principales partidos de oposición, apuñalando a Balaguer por la espalda, comprando sus principales dirigentes y a fuerza de billetes doblegando la voluntad de algunos dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), para crear la división en el partido blanco y embotar los organismos de poder y de decisión como son la Liga Municipal Dominicana y la Cámara de Diputados.
Leonel Fernández nunca sintió respeto por la oposición, en pleno siglo XXI actuó y se comportó como un cavernícola, como un político que en nada tenía que envidiarle a los enemigos de la democracia; dedicado por completo a ganarse el cariño de la prensa, regaló el Listín Diario, pagaba más de $600 millones para resaltar y enardecer su figura y su gobierno, mientras sembraba la miseria en el pueblo y después en los procesos electorales, con dos pesos compraba votos para imponer su partido.
Midiendo la actitud miserable de algunos dominicanos sin corazón, Leonel puso precio a la cabeza de algunos partiduchos, dueños de medios de comunicación y varios comunicadores sociales, que desde entonces y gracias a la paga comenzaron a formar parte de una élite que vive y ha vivido del cuento; porque para ellos, no es su problema si muere o no la educación. Si el pobre come o no, si la violencia duele, si el salario de un militar lo obliga a delinquir, o si la “justicia aquí se compra o se vende”.
Para no cansarlos con mi historia, así llegamos a este momento histórico que vive el país. con un presidente hijo y dependiente del que se fue, amarrado con los mismos funcionarios, con una historia triste de que se debe seguir ordeñando la vaca flaca del pueblo, para resolverle la situación al gobierno, mientras mienten descaradamente sigue diciendo que beneficiará al pueblo.
No expresa la verdad el presidente Medina cuando dice que no está de acuerdo con la nueva reforma fiscal, pero que es un trago amargo necesaria,” necesaria para crear más miseria”; no canta la verdad cuando dice que fue un error gravar algunos productos de la canasta familiar. Miente, porque antes de presentarlos el señor presidente se reunió y lo discutió con su gabinete y con los legisladores del PLD.
En todo esto ha estado presente la mala fe, Danilo y sus gentes presentaron el proyecto pensando que el pueblo cree el cuento del desarrollo, lo hicieron creyendo que Medina tenia credibilidad ante el pueblo, olvidando que la figura del presidente comenzó a oxidarse el mismo día que colocó en su gabinete los mismos funcionario del tren económico de Leonel. Olvidando que el dominicano común esperaba que la nueva reforma fiscal, estuviera basada en el derrumbe de los gastos público, rompiendo las miles de botellas del Ministerio de Relaciones Exteriores y de todas las instituciones del gobierno, centralizadas y descentralizadas.
Los dominicanos esperamos una reforma fiscal, donde se identifiquen los funcionarios causantes de la crisis y se recupere el dinero robado por ellos; donde se toque el barrilito de los legisladores; una reforma que incluya una reducción de salario de los altos ejecutivos del gobierno, incluyendo el presidente.
Una renegociación con las empresas mineras, un impuesto a las ganancias de los empresarios, una reducción de la nómina del Estado, una reducción del gasto público y una revisión de las jubilaciones a partir del año 2000 hasta la fecha.




