Las llamadas potencias occidentales con la complicidad de rusos y chinos ejecutan una acción malvada contra una nación africana, Libia, supuestamente para derrotar a un gobernante cuyos compatriotas no han podido lograrlo, ni han hecho los esfuerzos extraordinarios que desean los imperialistas del hemisferio occidental del mundo para obtener tales propósitos.
El poder mediático y otras vías utilizadas por el eje integrado por Estados Unidos, Francia, Inglaterra y otros han llevado al ánimo de una parte de la población mundial, la existencia de un estado ansioso entre los libios por deshacerse del líder Muamar Kadafi, han promovido una resolución de la ONU mediante la cual se aprobó una “exclusión aérea” para supuestamente detener los avances del gobierno libio contra mercenarios levantados en la parte este.
La resolución de referencia fue violentada, pues los alcances de la misma fueron exagerados y hoy día nos encontramos con una intervención armada y ametrallamientos con características propias de crímenes de lesa humanidad. No se han limitado a evitar que la aviación libia bombardee el espacio supuestamente controlado por los mercenarios de las potencias; sino que la han emprendido contra Trípoli y otras zonas habitadas por civiles.
Ante el hecho cierto de que el gobernante libio no representa la totalidad de los intereses de los países que ejercen la hegemonía mundial , es decir, que no garantiza que el petróleo libio pueda ser manejado conforme a los antojos de los dominadores, esas naciones han optado por recurrir a acciones alejadas de las normas del Derecho Internacional Público, como es el establecimiento de una Zona de Exclusión Aérea , lo cual sería la repetición de lo acontecido en Irak, cuando se dispuso que las naves áreas del gobierno de Sadam Hussein no podía sobrevolar ciertas zonas del territorio que sólo los iraquíes podían proteger.
Las potencias que actúan contra Kadafi han quedado evidenciadas como hipócritas , debido a que es ahora cuando descubren que este no es demócrata y que debe ser derrocado, cuando hacían negocios con ese gobernante obviaban lo relativo a los tan cascareados derechos humanos, solo le importaban las ganancias y los servicios que el mismo podía ofrecerle, hoy se olvidan de que en 1945 suscribieron en la ciudad de San Francisco, California, la famosa Carta de la ONU y que este texto prevé las formas de convivencia que deben ejecutar la naciones .
La aparente matanza contra el hijo, los nietos y demás allegados a la familia Kadafi no tiene justificación legal ni moral, se trata de un hecho de cobardía y fiel evidencia de la barbarie a la que pueden someternos los gendarmes mundiales con tal de garantizar el saqueo de las riquezas de los pueblos débiles y mal gobernados.
En una entrega anterior decíamos que: “Los libios de uno u otro bando han dicho que nada de intervención terrestre, los sublevados hablan de la posibilidad de intervención aérea o de la creación de la denominada zona de exclusión, lo cual los evidencia como gentes que considera que para lograr sus fines anti-gubernamentales precisan de un refuerzo internacional, es decir, que aparentan no querer refuerzo terrestre, pero lo aceptarían en el aire para supuestamente evitar los ataques de las fuerzas armadas leales al régimen”.
Ahora parecería que los mercenarios han pedido ataques a todos los niveles, aunque sabemos que las tropas de intervención de guerras de rapiñas no precisan de que aparezcan, Benoit , Imbert o Wessin que le pidan intervención, ellos intervienen sin importar pedidos, pues se trata de buscar riquezas y dominar territorios de importancia estratégica.
Libia no es cualquier país, se trata de un pedazo del mundo con gran valor material y espiritual. Posee una extensión de 1,759,540 km2, equivalente a 36 veces el territorio dominicano, una población de 6,447,000 habitantes para el 2010, esperanza de vida al nacer 73.3 para hombres y 77.7, para las mujeres, esto último según cifras del 2000, constituye un gran productor de petróleo, tiene una posición geográfica envidiable en tanto hace fronteras con: Argelia, Egipto, Níger, Sudan, Chad; en fin se trata de un país desde el cual se pueden hacer cuantas maniobras sean imaginables para aquellas potencias deseosas del control total de las naciones pequeñas o débiles, tal y como expresan las acciones de los gendarmes de occidente mediante su brazo armado, la OTAN.
Las naciones pequeñas y débiles asisten a observar un escenario en el cual existe una ausencia casi total de las normas de derecho internacional que siguieron al término de la Segunda Guerra Mundial, nos encontramos con un mundo unipolar, en el cual dos o tres países encabezados por Estados Unidos se han puesto de acuerdo para arremeter contra todo aquello que según sus criterios lesione sus intereses o sea una supuesta amenaza para la paz y seguridad internacional, un mundo en donde las reglas las ponen estas naciones y la ONU solo actúa como mecanismo de legalización de las intervenciones, esto ante la acción cómplice de China y Rusia, las cuales antaño aparecían vetando aquellas resoluciones que consideraban lesivas al orden publico internacional.
Todo indica que chinos y rusos han terminado por aceptar la tutela de las potencias que dirigen la OTAN, pues aún frente a decisiones contrarias a los intereses de socios suyos, estos hacen mutis y dejan que los hegemonistas actúen repartiéndose territorios, tareas y riquezas en esta nueva escalada de guerras de rapiñas o repartos.
Las acciones de las potencias en Libia, Siria y otros lugares forman parte necesariamente de los sentimientos de libertad de estos pueblos, los cuales se sienten hartos de gobernantes que se han mantenido en el poder recurriendo a malas artes, pero que los occidentales que hoy descubren el carácter no democrático de estos dictadores han sido sus sostenedores fundamentales, y en la actualidad han pretendido lograr dos objetivos: a) Evitar levantamientos populares al estilo egipcio donde al parecer no tuvieron ningún control sobre las acciones populares y b) Usar las protestas o descontentos de la población para simular grandes levantamientos mediáticos y lograr el control de esos pueblos con gobernantes sumisos o mercenarios.
Aspiramos a que el espíritu de conservación de las naciones se imponga en esta región africana y los pueblos puedan vencer a sus tiranos mediante acciones reales de desobediencia y rebeldía, pero que además, puedan derrotar los intentos de los buitres que quieren alimentarse de las ansias de libertad manifestada en jornadas de lucha, no en simulacros desde el exterior. En definitiva y ante la ausencia de un orden mundial claro, confiemos en la vocación e instinto de conservación de las naciones y los individuos para hacer surgir una realidad internacional de respeto al derecho de autodeterminación e independencia de los pueblos. Es decir, al surgimiento de un organismo mundial que sustituya la difunta Organización de las Naciones Unidas (ONU).




