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Obama, un presidente ya activo, pero sin Casa Blanca

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Sin tiempo para deleitarse en su histórico triunfo, Obama ha mantenido en las últimas horas contactos con mandatarios de todo el mundo, entre ellos el propio George W. Bush y el Papa Benedicto XVI, en un anticipo de lo que será el día a día a partir del 20 de enero.

Tras la tensión de ayer, Obama pudo desayunar hoy tranquilamente con sus hijas y hacer deporte en el gimnasio, aunque no le quedó mucho más tiempo libre, pues ya se ha embarcado de lleno en la formación de su equipo y en preparar la transición gubernamental.

De momento, algunos medios han informado de que el primer nombramiento será el de su jefe de Gabinete, puesto clave para el que podría elegir al congresista de Illinois, Rahm Emanuel.

Mañana ha sido convocado por el director de la CIA, Mike McConnell, para darle una primera sesión informativa sobre asuntos de inteligencia, iniciativa que también se ha extendido al vicepresidente electo, Joe Biden.

Sin tiempo que perder, el equipo Obama-Biden debe comenzar a forjar el programa de Gobierno para los próximos cuatro años, consciente de que las expectativas son muy altas y que la crisis le impedirá desarrollar totalmente sus planes de bajar los impuestos e invertir en programas sociales.

Durante la campaña, el senador afroamericano se ha apoyado en el mensaje de cambio, y ha convencido a los electores de que es la persona apropiada para dar una nueva dirección al país y devolver la prosperidad y el prestigio que la primera potencial mundial merece.

Pero una vez lograda la victoria, hay que convertir las promesas en hechos, especialmente en materia económica, que ha sido la prioridad de los votantes al elegir al candidato afroamericano, según las encuestas a pie de urna.

Cuando Obama se siente por primera vez en el Despacho Oval, se encontrará con una economía inmersa en la peor crisis financiera de los últimos 80 años, con un crecimiento negativo, que puede ser del 2,5 en el cuarto trimestre, y con un grave deterioro del mercado inmobiliario.

Además, las bolsas habrán sufrido una tremenda corrección, mermando la capacidad de gasto de las familias estadounidenses, e industrias enteras se habrán visto abocadas a un proceso de reconversión sin precedentes.

Entre ellas, la banca, abocada a tener que depender de las ayudas estatales para seguir operando en el día a día, y también la industria del automóvil, que se enfrenta a un futuro incierto, lo que deja a millones de trabajadores y a sus familias en la cuerda floja.

Un informe del Centro de la Investigación del Automovil afirma que el colapso de GM y Ford destruiría dos millones de empleos, y mermaría el crecimiento del Producto Interior Bruto en dos puntos porcentuales.

La industria entera clama por un plan de rescate, sobre el que se tendrá que pronunciar Obama.

El candidato tendrá que decidir si sigue adelante con su plan para bajar los impuestos a la clase media, lo que reducirá los ingresos del Estado, y qué hacer con los propietarios morosos que pueden perder sus casas, y que supone el 9 por ciento del total.

Una de las medidas que podría tomar Obama en los próximos días es la de nombrar un secretario del Tesoro con peso, pues será el responsable de completar el plan de rescate financiero aprobado por el Congreso por un importe de 700.000 millones de dólares.

Entre los candidatos se baraja el nombre de Lawrence Summers, que ocupó el cargo con Bill Clinton, o el ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker.

Un tercer nombre que suena en los foros financieros es Timothy Geithner, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, y cuya gestión de la crisis entre la banca de Wall Street le valió todo tipo de elogios.

Antes de tomar posesión como jefe de Estado, Obama se involucrará en las negociaciones de un nuevo plan de estímulo económico en el Congreso, donde el Partido Demócrata ha reforzado su posición mayoritaria.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quiere un nuevo programa de 100.000 millones de dólares para que los estados puedan invertir en infraestructuras, escuelas y servicios públicos, con la confianza de que servirá para crear empleos.

El plan también podría incluir la entrega de cupones para los más pobres, ayudas para las familias que lidian con la posible pérdida de sus casas, y cheques de devoluciones de impuestos.

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