sábado 21 de enero 2017 | 02:31

Metas Inútiles

| Por: Tatiana Fernández

Yo creo que, al empezar cada año, es necesario plantearse al menos 3 metas importantes y 1 meta inútil. En el 2009 mi meta inútil fue la de aprender a tocar la güira (objetivo alcanzado en un 30%). En el 2010 decidí que quería aprender a cargar cosas sobre mi cabeza. Aunque me lo planteé hace 2 meses fue ahora, en mi viaje a Haití, que hice los primeros intentos.

Todo comenzó sólo observando, porque en verdad es intimidante la destreza con que las haitianas (y algunos haitianos) logran equilibrar todo tipo de objetos sobre el cráneo. Casi todo lo que tengan en las manos, que tenga que ser cargado de un lado hasta otro, va para la cabeza: Un saco de arroz, ¡pa la cabeza! Un ataúd, ¡pa la cabeza! Una pequeña cartera, ¡Venga! ¡Pa la cabeza! A veces parecería que se les olvida que los llevan encima, como cuando uno no recuerda dónde dejó sus gafas de sol y de repente se da cuenta que han estado sobre su cabeza todo el tiempo. Me puedo imaginar perfectamente una conversación entre dos mujeres que se encuentren por la calle. Al despedirse una le diría a la otra, "¿Yo no traía una canasta conmigo?" y se giraría y giraría cuestionándose dónde la habrá dejado, hasta que la amiga le señalaría hacia la cabeza y le aseguraría que no la había perdido, que estaba ahí arriba. "¡Ah!" diría la otra avergonzada por su torpeza y seguiría su camino con una sonrisa como de quien está a punto de reírse de sí mismo.

En mi última tarde en Haití, Annette, una haitiana amiga de un amigo, me dio mi primera clase con la ayuda de un traductor. Pensé que íbamos a empezar con algún objeto sencillo, pero ella se apareció con un galón de Suavitel. Lo puso en el piso, se agachó y lo levantó, me miró y se lo puso sobre la cabeza con cara de "mira, es así." Se lo quitó y lo puso en el piso frente a mí con cara de "ahora tú." Se veía muy sencillo, y para Annette obviamente toda la clase le parecía tonta, porque no me daba muchas instrucciones ni consejos, sino que simplemente me decía que lo agarrara y me lo subiera. No era mucho más que eso. Cuando me puse el galón en la cabeza y no duró 4 segundos ahí, pude ver su cara de decepción. Le pedí poner algo entre mi cabeza y el galón, y buscó un trozo de tela que mejoró la comodidad pero no el equilibrio. Entonces pedí cambiar el objeto de prueba por uno más liviano. Consiguió una ponchera/palangana y le puso unas almohadas dentro, e intenté con eso. Logré equilibrio por más tiempo, pero Annette se quejaba de que yo estaba muy tiesa. Me lo quitó de la cabeza y se lo puso ella, moviendo su cabeza rápidamente y de una manera que parecía que era un órgano independiente del resto de su cuerpo.

Luego la cabeza se integró al resto de su cuerpo y caminó, trotó y brincó con el galón en la cabeza. Yo intenté caminar más rápido con la ponchera pero se me cayó. Aunque muy pacientemente me enseñaba, en su mirada se notaba la desesperación. Hasta que llegó a una brillante conclusión: "Es que tu pelo es muy suave y se te resbala." Así que la culpa era de mi cabello. Me puse una gorra para remediar y probé varias veces más hasta que tuve que salir a hacer unas fotos. Le di las gracias a Annette por el intento, y al salir para la calle agarré mi mochila y... ¡pa la cabeza! www.unadominicanarubia.com

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